sábado, 4 de julio de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (Últimos Capítulos)






45


Rowina encontró a la señora Aniston en la cocina. Le comentó que, seguramente la casa sería un lugar para pasar el verano, así que los criados se alegraron de la noticia pues, aunque no fuese todo el año, sí tendrían trabajo una temporada.
─No lo puedo asegurar ─insistió la joven.
─¡Oh, seguro que será así! ─exclamó la cocinera─. El señor tendrá en cuenta sus deseos, señorita. ¡Se nota que la ama! ─exclamó.
─Yo también lo espero así ─asintió Rowina─. Señora Aniston, el señor me ha pedido que la busque para hablar del vestido para la ceremonia.
─¡Sí, el vestido! ─sonrió─. Venga conmigo, señorita.
Rowina siguió al ama de llaves hasta el salón donde se reunían los criados. Cogió una caja grande que había sobre una mesa y se la entregó a Rowina.
─El señor ha traído esto para usted. Quería que fuese una sorpresa.
Rowina dejó la caja en el mismo lugar y se apresuró a abrirla. Dentro había un vestido de novia precioso. Era de color marfil y tenía puntillas de encaje auténtico.
─¡Es precioso! ─lo sacó y lo puso sobre ella─. ¡Es maravilloso! ─exclamó emocionada.
La señora Aniston le enseñó más prendas. También había un conjunto de lencería y el velo.
─El señor tiene buen gusto ─asintió el ama de llaves─. Va a ser una novia preciosa, señorita.
La joven dejó el vestido sobre la caja y admiró las demás prendas. Luego, se sentó y se dirigió a la señora Aniston.
─Me preguntaba si tendría algún inconveniente en venir a Londres para ser mi dama de compañía.
La señora Aniston sonrió y miró a la joven con ternura.
─¿No le parece que soy un poco mayor para ser su dama de compañía?
─Me dolería mucho apartarme de usted. Pero…, si considera que prefiere quedar aquí…, lo entendería.
─Me gusta cuidar de usted, señorita ─sonrió─. No tengo inconveniente en ir a Londres con usted y el señor Patrick ─añadió.
─¡Oh, eso es maravilloso! ─exclamó y corrió a abrazarla.
Todo estaba saliendo tan bien que Rowina tenía el presentimiento de que algo debía ir mal, como si fuese necesario pagar un tributo por tener tan buena suerte. Pero desechó estos pensamientos. No había nada de malo en ser tan feliz.


Alice fue a su dormitorio y se dejó caer en la cama. Estaba aburrida. Se levantó y suspiró. Solo faltaban tres días para la boda de su amiga. Seguía sin comprender cómo había tenido tanta suerte. Lo normal era que las criadas encontraran maridos de su misma clase social. Podían ser otros sirvientes, camareros, ayudantes en oficinas, comercios, policías. Pero había ser que muy guapa y alegre para conseguir conquistar a alguien de la alta sociedad. Y aún así, era un milagro que se tratase de alguien joven y guapo como lord Patrick. Lo habitual era conquistar a algún vejestorio.
Se miró a un espejo y frunció los labios, el ceño. Luego sonrió. Rió. Y así estuvo haciendo muecas durante un rato. Entonces, pensó que, hiciese lo que fuese, siempre estaba guapa.
Salió de la habitación y caminó por los pasillos de la mansión. Se encontró con Patrick, que estaba hablando con el cochero. Se acercó a ellos.
─Creo que todavía no le he felicitado por su futura boda, milord ─dijo.
Los hombres la miraron desconcertados. Patrick sonrió.
─Gracias, señorita. Puede retirarse, señor Peter ─le dijo al cochero. El hombre saludó con la cabeza y se fue─. ¿Trabaja para lady Eleanor? ─preguntó.
─No. Pero mi señora y ella son buenas amigas. La doncella de lady Eleanor tuvo que ausentarse y me ofrecí a acompañarla, así podría aprovechar el viaje para visitar a Rowina ─explicó.
─Rowina se alegraría de su visita ─comentó Patrick.
─Sí ─asintió, evasiva─. Es una lástima que lady Margaret falleciera. Eso empeñará la boda. ¡Con lo ilusionada que estaba Rowina! ─exclamó.
─Nada empañará nuestra boda. Es cierto que no haremos una fiesta pero se cumplirá nuestro deseo: convertirnos en esposos.
Alice frunció el ceño y se balanceó hacia los lados.
─¿Puedo hacerle una pregunta?
─Seguro que nada se lo impediría.
─¿Qué le ha enamorado de Rowina?
Patrick la miró un poco sorprendido. Se sentó en un banco que había cerca y miró fijamente a Alice. En verdad era una muchacha atrevida, pensó.
─Tiene una belleza angelical y un alma noble. Posee una inteligencia despierta y curiosa por la vida que me fascina.
─¡Oh! ─exclamó y no supo qué decir. Después de un rato y antes de irse comentó algo─. Yo siempre pensé que los de su clase preferían a las mujeres tontas y coquetas.
Patrick se guardó una respuesta. No quería ser descortés con la joven y la dejó irse.




46

En los días siguientes, Rowina y Patrick se vieron poco. El tiempo empezara a mejorar y los albañiles regresaron para continuar con las obras.
Lady Eleanor, Alice, la señora Aniston y Rowina aprovechaban las horas sin lluvia para pasear por el exterior. Nadie había vuelto a mencionar la boda para guardarse sus opiniones personales.
A pesar del silencio al que parecía que habían llegado por mutuo acuerdo, Alice se mostraba nerviosa y malhumorada. Rowina quiso llamarle la atención en varias ocasiones pero la señora Aniston le aconsejó que la dejara desahogarse. En breve regresaría a Londres y no tenía sentido enfadarse con ella.
Llegó el día de la boda. Como habían esperado, amaneció con un cielo libre de nubes y vientos.
La señora Aniston ayudó a vestir a la joven, bajo la atenta mirada de lady Eleanor, quien se mostraba emocionada.
─¡Estos acontecimientos sacan mi lado más sensible! ─comentó.
Cuando terminó de estar preparada se miró en un espejo. La imagen que le devolvía era mejor de lo que esperaba. Giró sobre sí misma y sonrió satisfecha.
─¡Pareces un ángel! ─exclamó la señora Aniston.
─Sí, estás muy hermosa ─asintió lady Eleanor─. Patrick se quedará embobado cuando te vea.




El carruaje estaba aguardando por los novios y las invitadas delante de la mansión.
Rowina salió de la habitación y caminó despacio hasta el inicio de las escaleras. Aspiró aire para tranquilizarse y empezó a descender. Abajo, en el vestíbulo la esperaba Patrick. La miró con admiración y aprobación. Le ofreció la mano antes de que terminara de bajar y ella aceptó.
─¡Estás preciosa! ─exclamó.
─Gracias.



Patrick la ayudó a entrar en el carruaje, luego subió lady Eleanor y la señora Aniston, quien iba por petición de Rowina. Entonces se dieron cuenta de que Alice no estaba allí.
─Creo que se ha adelantado ─comentó el señor Peter, el cochero─. La vi ir en un caballo ─añadió.
─Pero, ella no conoce este lugar. Podría perderse o… ─empezó a decir Rowina preocupada.
─Déjala. Seguro que sabrá cuidarse sola ─la interrumpió Patrick y entró en el coche.

Llegaron a la iglesia donde los esperaba el reverendo Archibald. A su lado estaba el acólito, señor Dunham, que lo ayudaba a preparar las misas y demás celebraciones. También tocaba el órgano. Recibieron a los novios y demás invitados y entraron en la iglesia.
El padre empezó a oficiar la misa. Patrick se mostraba impaciente pero sonreía con ternura a Rowina cada vez que sus miradas se cruzaban.
El reverendo se interrumpió cuando Alice entró en la iglesia. Iba vestida de amazona. Rowina admitió que estaba muy hermosa pero se preguntó de dónde había sacado esas ropas. Pronto lo supo. Lady Eleanor dejó escapar una exclamación que pudieron oír todos.
─¡Ese sombrero es mío!
Alice traía entre sus manos un ramo de flores y caminó hasta los novios.
─Siento interrumpir. No he podido llegar antes porque me temo que me he perdido. Una novia no puede casarse sin un ramo de flores ─dijo y se acercó a Rowina. La joven sonrió agradecida. Entonces, Alice, al estar a su lado, le clavó en el estómago un cuchillo que traía oculto bajo el ramo.
Rowina emitió un quejido y Patrick la miró confuso. En los primeros segundos todo fue muy confuso. El ramo cayó al suelo. Rowina se llevó una mano a la herida. Su mano y el vestido se tiñeron de sangre. Alice la miraba como si no estuviera presente, sino viviendo una fantasía.
─Lo siento, Rowina. No puedes tener más suerte que yo en la vida ─susurró.
Patrick vio la sangre y se apresuró a coger en brazos a Rowina para sostenerla y evitar que cayera al suelo.
─¡Dios mío! ¿Qué has hecho? ─preguntó a Alice, sin esperar respuesta.
El señor Dunham se apresuró a quitar el cuchillo a Alice. Eso hizo que despertara. Al ver la sangre salió corriendo de la iglesia.
El padre Archibal sugirió que llevasen de inmediato a Rowina a su casa, que estaba al lado, para poder tumbarla en una  cama y que alguien fuera a buscar a un médico.
Patrick levantó a Rowina en brazos y siguió al párroco. El señor Peter se apresuró a ir en busca del doctor Elías.
─Patrick… ─susurró Rowina.
─No hables ─le pidió. No quería que se cansara. Había puesto un pañuelo en la herida y la apretaba para evitar que se desangrara─. No gastes tus energías.
─Te quiero, Patrick. No lo olvides ─susurró ella.
─Por favor, no ─Patrick apoyó la cabeza en el pecho de ella para sofocar un sollozo─. No me dejes, Rowina ─suplicó.
La joven cerró los ojos. Sentía cómo se le iba la vida pero quería luchar para evitarlo. No podía creer que su felicidad se acababa nada más empezar. 
La señora Aniston lloraba en silencio y lady Eleanor se había sentado en una silla, pues se sentía demasiado impresionada y temía desmayarse.
─Esa joven está loca ─susurraba pensando en Alice─. Loca… Completamente loca.


 

47

El doctor Elías llegó tan pronto pudo. Lo hizo en su caballo pues era más rápido que el carruaje.
Examinó la herida y el señor Dunham le enseñó el cuchillo. Por fortuna no era muy grande y la herida no era profunda. Pidió que los dejaran solos. La única persona que se quedó con ellos fue la señora Aniston, para ayudar en lo que fuese necesario.
Patrick y los demás salieron al pasillo. El párroco se acercó a él y apoyó una mano en su hombro.
─Estoy seguro de que todo saldrá bien ─le dijo.
─Así lo espero o mataré a esa mujer con mis propias manos ─dijo Patrick, lleno de rabia.
El padre Archibald asintió sabiendo que hablaba con tanta dureza por el dolor que sentía.
Varios minutos más tarde, el doctor Elías salió de la habitación. Patrick se acercó a él.
─¿Cómo está? ─preguntó ansioso.
─Bien. Está bien. Necesita mucho reposo y hacer curas periódicas. Ya le expliqué a la señora Aniston cómo debe proceder mientras yo no la visite, que lo haré ─añadió para tranquilizar a Patrick─. Ha tenido suerte de que la herida no es profunda y no ha provocado daños graves. Por milímetros no tocó el estómago ni ningún órgano importante.
Patrick suspiró aliviado. Los demás murmuraron exclamaciones de regocijo.
─¿Puedo verla?
─Le he dado algo para que duerma. Es mejor dejarla descansar.
─¿Considera que puedo llevarla a casa? ─preguntó.
─Yo esperaría un par de días. El viaje, aunque es corto, puede provocar que se abra la herida.
─Está bien ─asintió Patrick y miró al reverendo.
─No hay ningún problema. Puede quedarse aquí y la señora Aniston también ─asintió.
─Yo también me quedaré ─dijo Patrick.
─Está bien. Pediré a mi doncella que prepare más habitaciones. No dispongo de las comodidades de su mansión pero podemos acomodarnos para pasar unos días.
─No se preocupe por nuestras comodidades. Lo único que importa es que Rowina esté bien atendida ─dijo Patrick─. Agradezco mucho su ayuda, padre.
─No tiene que dar las gracias, lo sabe ─sonrió.

En los días sucesivos, Rowina mantuvo reposo y, poco a poco, recuperó sus fuerzas. Patrick no se separó de ella y eso la reconfortaba. La señora Aniston también la cuidaba como lo haría una madre.
El mismo día del ataque a la joven, supieron que Alice, por algún motivo desconocido, cayó por un acantilado. El caballo apareció en la mansión el mismo día, sin ella. Dedujeron que, o bien cayó y caminó erráticamente hacia el acantilado, sin ser consciente del peligro; o el animal, mal guiado y asustado, frenó en seco provocando su caída al vacío. Nunca se sabría. Las autoridades se encargaron de recoger su cadáver.
Lady Eleanor se había ido pero prometió mantener correspondencia con Patrick para interesarse por Rowina.
A Rowina no se lo comentaron para no angustiarla, ni entristecerla. Cuando recuperó las fuerzas suficientes, regresaron a la mansión.
Por consejo del médico, aprovechando que los días eran soleados, salía a pasear con Patrick todos los días.
─Me pregunto si hice o dije algo que pudiera molestar tanto a Alice para provocar un cambio tan drástico en su comportamiento. Te aseguro que cuando la conocí era una muchacha encantadora. Me ayudó mucho a integrarme en mi nuevo trabajo y en la vida diaria londinense ─comentó Rowina mientras disfrutaban del sol bajo un árbol─. ¿Qué será de ella? ¿La capturarían las autoridades? Espero que, si es así, no sean muy severos con ella. Ha debido sufrir un trastorno pasajero.
─Admiro tu bondad, Rowina ─comentó Patrick─. Otra persona habría deseado lo peor para quien atentó contra su vida ─hizo una pausa─. No te lo hemos dicho antes para que te centraras en tu recuperación pero, supongo que ha llegado el momento de que sepas la verdad ─le cogió una mano─. Alice ha fallecido ─le anunció.
─¿Qué? ¿Y cómo ha sido? ─preguntó perpleja. Patrick le explicó lo que sabían, aunque todo eran especulaciones─. ¡Lo lamento tanto! ─exclamó, dolida─. ¡Estaba tan llena de vida!
─Olvídala. Centrémonos en nosotros y nuestro futuro. No permitamos que nada ensombrezca nuestra felicidad ─la abrazó y besó.
─Así quiero que sea, Patrick. Quiero ser feliz, sin sombras en medio ─sonrió.
─Tendremos que repetir la boda.
─Sí… Pero, esta vez, haremos una pequeña fiesta. Quiero que todos sepan que somos felices, que nos amamos.
─Así será ─sonrió y la volvió a besar.




No tardaron mucho tiempo en celebrar la boda. En esta ocasión, como lo había deseado Rowina, estuvieron presentes algunos amigos, entre ellos el señor George.
Tras la ceremonia se reunieron en la mansión para celebrar el evento con una pequeña fiesta.
Rowina y Patrick bailaron y brindaron por su amor. Tenían toda una vida por delante para ser felices.
Por la noche, al retirarse al dormitorio, Rowina recordó las palabras de lady Margaret. El amor era como una tormenta en primavera. Ellos harían que las tormentas que se presentan en la vida, no enturbiasen la paz de la primavera.


FIN


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viernes, 3 de julio de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (42, 43 y 44)


Autora: Dora Hitz "Mujeres rezando". Imagen modificada


42

Rowina no volvió a encontrarse con Alice. Después de comportarse inadecuadamente con ella, se había encerrado en su habitación, decisión que Rowina agradeció. No tenía ganas de discutir ni aguantar tonterías. Le dolía que su amiga no la apoyara en uno de los momentos más felices y tristes de su vida.
Por la noche, quienes habían venido desde el pueblo para manifestar sus condolencias y acompañar y rezar por la difunta, se acomodaron en los lugares que los criados habilitaron para ellos. Era totalmente imposible regresar al pueblo, el camino estaba cortado por culpa del fuerte oleaje que lo inundaba.
Rowina intentó mantenerse despierta el mayor tiempo posible pero, finalmente, la señora Aniston le aconsejó que se retirara a dormir y así lo hizo.
Se quitó el vestido y se dejó caer en la cama. Estaba rendida. Había sido un día muy tenso. A pesar del ruido de la tempestad, se quedó dormida.
El violento golpe de una ventana la despertó bruscamente. Se incorporó en la cama y encendió unas velas. Se puso una bata y salió al pasillo. Como había esperado, una de las ventanas se abrió y golpeaba la pared. Se apresuró a intentar cerrarla para evitar que rompieran los cristales. Dejó el candelabro sobre una mesa y se apoyó en la contraventana para empujarla. Pero el viento y el peso de la misma era demasiado para sus pocas fuerzas. Descansó unos segundos y lo intentó una vez más. Empezaba a tener éxito cuando alguien colocó sus brazos por encima de ella y terminó de cerrar la ventana. Se volvió.
─¡Patrick! ─exclamó sorprendida y emocionada.
─¡Hola, amor mío! ─se fundieron en un abrazo.
─¡Oh, Patrick! ¡Temía tanto que no pudieras venir! ─se separó un poco de él─. Lamento mucho que tu tía haya fallecido.
─Sí, es una pena pero ya era mayor ─comentó y la besó en los labios.
Rowina se abrazó con más fuerza a él. Deseaba sentirlo para comprobar que en verdad estaba junto a ella y no era un sueño.
─Te he echado de menos ─dijo él.
─Y yo a ti ─se volvieron a besar y fueron interrumpidos por la aparición de lady Eleanor y Alice.
─¡Lord Patrick! ─exclamó Alice y frunció el ceño por ver a su amiga abrazada a él.
─Ella es Alice, mi amiga ─dijo Rowina─. Ha venido a… ─se interrumpió. No sabía bien qué debía decir─. Ella se enteró de nuestro futuro enlace y vino a felicitarnos ─dijo al fin.
Alice la miró perpleja. No esperaba tan buena consideración por parte de Rowina. Bajó la mirada arrepentida por su mal comportamiento.
─Sí, así es ─asintió.
Lady Eleanor fingió un bostezo y esbozó una débil sonrisa mirando a Patrick.
─Supongo que también le sorprenderá mi presencia, Patrick ─empezó a decir─. Me enteré de que su tía estaba enferma y quise venir a visitarla… Lamento tener que decir que no pude hablar con ella… ¡Los ruidos en esta casa son insoportables! ─exclamó de pronto.
─Deberíamos retirarnos a dormir ─sugirió Patrick.
Cogió los candelabros y a Rowina de la mano y entraron en el salón. Quería disfrutar un poco de su compañía antes de retirarse a sus dormitorios.
─¿Cómo has podido llegar? ─preguntó Rowina pensando en lo peligroso que había tenido que ser su viaje de regreso.
─He venido por el bosque ─respondió a la vez que dejaba los candelabros sobre la mesa y la trajo hacia sí para abrazarla.
─Te has arriesgado mucho.
─Pero he llegado sano y salvo ─sonrió─. ¿Cómo crees que ha venido la gente del pueblo que está abajo?
─Tengo algo que decirte… Tu tía, finalmente, aprobó nuestro compromiso.
─Me alegro de que lo hiciera. Así habrá podido morir en paz. Después del entierro hablaré con el padre Archibald para fijar la fecha del enlace.
─¿No será muy pronto? ─preguntó ella separándose de él─. Deberíamos guardar luto una temporada.
─¿Durante cuánto tiempo? ─preguntó un poco molesto.
─Un año, al menos.
─No pienso esperar tanto para casarnos. Rowina, no he venido por el fallecimiento de mi tía. Me enteré de ello al llegar aquí. He venido por ti. Nos casaremos en unos días ─le informó.
─Pero… te enviaron un telegrama…
─Es obvio que no hubo tiempo para que lo recibiera.
Rowina no insistió. No era el momento de debatir sobre su futuro enlace. En unas horas se celebraría el funeral de lady Margaret y tenía que centrarse en eso.
─Será mejor que descansemos. Además… tenemos las ropas mojadas.
─¿Te estás alejando de mí?
─Jamás haría eso ─le besó en los labios. Patrick quiso retenerla pero ella se zafó y entró en su habitación.


43


 El funeral de lady Margaret transcurrió en medio de un fuerte vendaval que obligó a realizar la ceremonia con mayor celeridad. La gente dio el pésame a Patrick.
Tras la ceremonia, Patrick pidió al cochero que llevara Rowina y sus invitadas de inmediato a la casa. La señora Aniston y las demás sirvientas también viajarían en el carruaje.
Patrick le pidió al padre Archibal que le concediera unos minutos y entraron en la sacristía.
─Ha sido afortunado de llegar a tiempo para asistir al funeral de su tía ─comentó el padre.
─Sí. La homilía que ha escogido ha estado muy bien ─dijo Patrick─. Pero no me he quedado para hablar del funeral, padre.
─Ya me lo imagino… ─comentó el sacerdote─. Tiene prisa por casarse con la señorita Rowina.
─Sí, así es.
─Espero que no haya una fuerza mayor que los obligue a tanta celeridad ─comentó suspicaz pensando en una posible deshonra e incluso embarazo.
─No, le aseguro que no es así.
─Entonces no debería tener tanta prisa, milord. Y menos ahora que está reciente el fallecimiento de su tía.
─De eso quería hablar, precisamente. No quiero retrasar mi boda. Es más, quiero que se celebre el próximo sábado. Todo indica que para entonces el tiempo amainará.
El padre Archibal se apoyó en un mueble de madera oscura y frunció el ceño. Patrick dejó escapar un suspiro. Sabía que le iba a poner algún impedimento.
─No estoy de acuerdo con usted. Debería dejar que transcurra un tiempo. Es fundamental guardar luto por los seres queridos que se han ido.
─Perdone mi brusquedad pero no pretendo que nadie esté de acuerdo con mi decisión… Y es firme, padre. El sábado estaré aquí con las señorita Rowina y nos casaremos. Fije una hora, por favor ─habló con seriedad.
El sacerdote se dio cuenta de que no tenía sentido intentar hacerle cambiar de opinión porque no lo conseguiría.
─Está bien. Venga a las once de la mañana y celebraremos la boda.
─Gracias. Aquí estaremos ─miró hacia la ventana. Había empezado a llover─. Será mejor que me vaya.
─Dígame, ¿la señorita Rowina está de acuerdo con usted?
─Nos vemos el sábado ─se despidió sin responder y se fue.
El padre Archibald meneó la cabeza con pesar. No entendía las prisas de Patrick por desposarse con la señorita Rowina. No tenía sentido. Que el supiera no había nada ni nadie que entorpeciera ese enlace. Y, en caso de haberlo, jamás se podría llevar a cabo.






44

Lady Eleanor se desesperó cuando supo que todavía no podía regresar a Londres. Ya había terminado la ceremonia del entierro, no tenía ninguna intención de discutir con Patrick sobre si le convenía o no casarse con la señorita Rowina, así que no hacía nada allí.
─Usted ha podido venir hasta aquí. ¿Por qué no puedo irme yo? ─preguntó a Patrick mientras comían.
─Conozco el bosque pero le aseguro que es peligroso adentrarse en él. Hace demasiado viento y podía caer la rama de un árbol… Incluso un árbol.
─Estoy dispuesta a arriesgarme igual que usted ─insistió.
─Yo no pienso permitir que lo haga ─la miró con severidad─. Dentro de unos días cambiará el tiempo. Entonces podrá irse de aquí sin poner en riesgo su vida ─añadió con un tono más amable.
─Está bien ─aceptó lady Eleanor─. Me sacrificaré hasta entonces.
─Debo anunciar ─Patrick miró a Rowina─ que el próximo sábado se celebrará nuestro enlace matrimonial.
La joven parpadeó perpleja. Sabía que Patrick quería celebrar la boda en breve pero confiaba en que haría luto por su tía y pospondría la ceremonia por un largo tiempo.
─¡Ah, vaya! Seguro que estaré presente ─dijo lady Eleanor─. ¿Cree que hará buen tiempo para entonces?
─Estoy seguro. Aunque nada impedirá que se celebre la boda ─respondió con una enigmática sonrisa.
Tras la comida, se retiraron al salón. Sin embargo, Rowina deseaba hablar con Patrick en la intimidad y no veía el momento de hacerlo. Lady Eleanor no dejaba de hablar de las costumbres de la alta sociedad, como si quisiera poner a prueba a Rowina, quien no le hacía caso, limitándose a asentir de vez en cuando. Alice sí mostraba más interés. Todavía confiaba en que algún día conocería a alguien que la sacara de su mundo y le abriera las puertas de un palacio de ensueño.
Patrick se excusó y se retiró a su despacho. Quería escribir unas cartas para enviar a la ciudad tan pronto se pudiera.
Lady Eleanor terminó por quedarse dormida en el sillón. Alice se sentó más cerca de Rowina.
─Esta mujer es demasiado parlanchina ─comentó en voz baja, Alice─. Aunque me cae bien. Quizás le pida trabajo. Si no me caso antes, claro.
─¿Con quién te vas a casar? ─preguntó Rowina.
─Es una forma de hablar. Pero espero casarme algún día.
─Desde luego.
─¿Tú crees que se fijaría en mí alguien de la misma posición que tu querido Patrick? ¿Cómo has hecho para atraer su atención?
─No hice nada especial. El amor surge sin que te des cuenta. Así que no lo busques.
─¿En verdad te cegó el amor? ─preguntó con suspicacia─. ¿No te interesó más su posición social y el dinero que el romance?
─¡Desde luego que no! ─exclamó molesta Rowina─. Discúlpame. Debo tratar algunos asuntos ─dijo y se fue.
Alice resopló molesta. Estaba aburrida y no sabía qué hacer para pasar el tiempo.
Rowina llamó en la puerta del despacho de Patrick y entró. Él levantó la mirada por encima de los papeles que tenía sobre el escritorio y esbozó una sonrisa.
─Me gustaría hablar contigo, Patrick.
─Sí, por supuesto. Siéntate ─le pidió─. Escribo a George. Él es… era el abogado de mi tía, como bien sabes. Le comunico su fallecimiento para que me haga saber cuáles fueron las últimas voluntades de ella. Creo que me ha dejado todo su legado en herencia pero siempre puede haber una sorpresa.
─¿Qué harás con esta mansión? ─preguntó ella─. ¿Pedirás que sigan con las obras?
─Sí, es mejor que terminen las obras para poder venderla sin problema.
─¿Quieres venderla? ─preguntó ella sorprendida.
─Yo no vivo aquí y este lugar es… tan desapacible ─se recostó en la silla─. Intuyo que te has enamorado de este lugar.
─Reconozco que me ha gustado desde el principio ─admitió.
Patrick se levantó. Cogió la carta que había escrito y la releyó por encima. Luego volvió a mirar a Rowina.
─Le había pedido a George que, si heredaba esta mansión, buscara un comprador.
─Es tu propiedad… Bueno, se supone que lo será en breve… Puedes hacer con ella lo que quieras ─comentó ella y también se levantó. Caminó hasta la ventana. Fuera seguía ululando el viento y llovía con fuerza. El vaho empañó el cristal y lo limpió con la palma de la mano.
─En breve serás mi esposa, también tienes derecho a opinar ─dijo él.
─No me siento capacitada para ello, aunque un papel me otorgue el derecho de darte mi opinión.
─No se trata de un papel ─Patrick dejó la carta sobre la mesa y se acercó a ella─. Se trata de mi persona. Yo quiero que me des tu opinión, Rowina. Quiero que formemos un equipo.
Rowina se alejó unos pasos. Se sentía confusa. No entendía bien qué había querido decir él.
─Creí que seríamos un matrimonio… Amantes ─comentó.
─Desde luego que sí. Pero también seremos un equipo. No quiero ser un esposo que impone su voluntad, quiero que tú expreses tus opiniones y decidamos juntos lo que tengamos que hacer ─explicó.
Rowina sonrió aliviada. Una vez más, Patrick despejó de inmediato sus temores. Se abrazó a él.
─¡Te quiero! ─le dijo y se besaron.
─Y bien… ¿qué quieres que haga con la mansión?
─Admito que me gusta este lugar pero si vamos a vivir en Londres… Aunque ─volvió a retirarse─, los criados están preocupados por su futuro.
─He pensado en pagarles bien para que no tengan problemas mientras no encuentran otro trabajo. Y, respecto a la señora Aniston, pensé que quizás te gustaría que fuera tu dama de compañía en Londres. Si ella no tiene inconveniente, claro.
Rowina volvió a acercarse a la ventana y quedó pensativa un rato. Luego, se volvió hacia él.
─Este lugar podría ser ideal para pasar el verano ─comentó.
Patrick rió divertido. Se acercó al escritorio y se sentó.
─Tendré que redactar una nueva carta ─comentó. Ella también rió.
─Hay otra cosa de la que también quería hablarte ─volvió a ponerse seria y se sentó frente a él─. ¿No te parece que es muy pronto para celebrar una boda? Acabamos de enterrar a tu tía.
─No haremos ninguna celebración. Solo nos convertiremos en marido y mujer.
─¡Ni siquiera tengo un vestido para la ocasión! ─exclamó.
─¡Oh, así que te preocupa eso! ─sonrió.
Rowina se sonrojó. El vestido no era su mayor preocupación y no quería parecer tan frívola.
─No… Yo…
─Tranquila. Entiendo que quieras ser una novia bonita. Aunque no necesitas un vestido para realzar tu belleza ─las palabras de él la sonrojaron más─. Habla con la señora Aniston.
Rowina asintió. Se levantó y se acercó a él para dar otro beso y salió del despacho para ir en busca de la señora Aniston.




Continuará.