domingo, 12 de noviembre de 2017

NIEBLAS PROFUNDAS(Parte Décimo Catorce)

PARTE DÉCIMO CATORCE 




El camino que llevaba hasta el castillo era angosto y peligroso pero pudimos hacerlo sin sobresaltos, aunque el cochero dirigía a los caballos más despacio de lo habitual.   

El doctor Brandt durmió un rato, para relajarse y aliviar el dolor de cabeza que tenía, producto del golpe recibido en el cementerio.  

Yo también estaba cansada y sentía pesadez en los párpados, pero me negaba a dejarme vencer por el sueño.  

El coche se detuvo con brusquedad, haciendo que nos balanceásemos en los asientos.  

El doctor Brandt despertó de golpe y nos miramos sorprendidos. Lord Terence abrió una puerta y se asomó. 

─Ya se puede ver la silueta del castillo en el horizonte, por ello considero prudente que hagamos a pie el final del trayecto. Laura, usted se quedará aquí, con el señor Vincent y el doctor Brown. 

─¡No! Yo iré con ustedes ─protesté.  

─Puede ser peligroso. 

─Creo que puede ser tan peligroso quedar aquí como ir con ustedes.  

Lord Terence se quedó pensativo unos segundos, me miró con gravedad pero asintió. 

─Está bien. Vendrá con nosotros pero no se separará del grupo bajo ninguna circunstancia. 

─Así lo haré ─sonreí. 

Me ayudó a bajar del coche y nos pusimos en camino todos, excepto el señor Vincent. El doctor Brown también insistió en venir con nosotros. Ya nos hacíamos una idea del peligro al que nos podíamos enfrentar y la ayuda de dos médicos podía venir muy bien, aunque confiábamos que no fuera necesaria.

A medida que ascendíamos por el camino, la niebla quedaba atrás. El castillo que se perfilaba en el horizonte se hacía más visible aunque, en la oscuridad, a pesar de tener algunas antorchas encendidas en lo que debía ser la entrada, tenía un aspecto desolador y tétrico.

Oímos unos pasos de animales, rugidos y un aullido. Nos miramos preocupados. Era evidente que la manada de lobos nos acechaba.

El doctor Brown y el señor Stevenson portaban faroles y confiábamos que nos ayudasen a mantener alejados a los lobos.

Llegamos  a la entrada del castillo. Delante había un foso y un puente daba acceso al patio interior. Entramos sin  dudar, movidos por el ansia de recuperar a lady Susan. En un primer momento no pensamos en lo peligroso que podía ser nuestro atrevimiento si los vampiros decidían atacarnos.

─Hay que tener cuidado. Este lugar podría desplomarse en cualquier momento. No suban por esas escaleras ─señaló el doctor Brown.

─Hay zonas que parecen conservarse mejor ─dijo lord Terence.

Cierto era que la mayor parte del castillo estaba en ruinas pero todavía conservaba habitaciones medianamente habitables.

Una luz nos llevó a una especie de salón donde había algunos muebles y un candelabro con las velas encendidas.

Nos pareció oír unas risas.

─¡Susan! ─llamó lord Terence.

─No se separen ─ordenó el doctor Brandt─. Los vampiros saben que estamos aquí y seríamos presa fácil si nos separamos.

Abrió su maletín y sacó una cruz. Apuntó con ella hacia el frente y oímos un rugido, pero no era el de un lobo.

Escuchamos pasos que procedían del pasillo y salimos apresuradamente, siguiendo al doctor Brandt.

Vimos una mujer que subió con gran agilidad los escalones que separaban la planta baja de la primera. Se detuvo delante de una ventana y se volvió hacia nosotros. Vestía un traje blanco muy liviano. Abrió la boca y nos mostró sus colmillos de forma amenazadora.

El doctor Brandt le enseñó el crucifijo. La mujer emitió un quejido y se alejó escaleras arriba.

─¡Dios mío! ¡Eso no era un ser humano! ─exclamó el señor Stevenson.

─¿Dónde estará mi hermana? ¿Qué habrá sido de ella? ─se lamentó lord Terence.
─¡Subamos! ─sugirió el doctor Brandt.






No llegamos a acercarnos a las escaleras cuando apareció en lo alto el vampiro que se hacía llamar lord William.




FIN PARTE DÉCIMO CATORCE

viernes, 10 de noviembre de 2017

NIEBLAS PROFUNDAS (Parte Décimotercera)

PARTE DÉCIMOTERCERA 


Llegamos a la zona más alta del cementerio. Había un muro semi-derruido que marcaba el límite entre  el camposanto y el bosque. 

A nuestra izquierda se podían distinguir dos mausoleos cuyas puertas de hierro estaban oxidadas. A la derecha las tumbas estaban a ras de suelo. Entre ellas distinguimos al doctor Brandt. Estaba tirado en el suelo y parecía inconsciente. Corrimos a socorrerle.  

El reverendo Paul lo giró y eso le ayudó a despertarse, aunque tardó un poco más en recordar lo que había sucedido.  

─¿Dónde están lord Terence y lady Susan? ─pregunté. 


El doctor Brandt se alisó los cabellos y susurró una maldición. Con la ayuda del reverendo se levantó.  

─Le he traído el maletín, por si lo necesita -se lo entregué. 

─Gracias, señorita Laura. 

Oímos una voz que reconocí sin ninguna duda, era lord Terence que llamaba al doctor Brandt. 

─¡Deberían quedarse aquí! ─nos sugirió el doctor y echó a correr siguiendo la dirección de donde procedía la voz de lord Terence. 

Ni el reverendo, ni yo nos quedamos quietos. Seguimos al doctor Brandt.  

No tardamos en ver acercarse a lord Terence, cerca del muro. Lo saltó con gran agilidad, pero ante nuestra sorpresa,  lady Susan no venía con él.  

─¡Doctor Brandt! ─lord Terence se acercó al médico con pasos rápidos.. Era evidente la desesperación en su rostro─. ¡Se han llevado a mi hermana! ¡No he podido darles alcance! Los lobos me impidieron hacerlo. 

Miraron en la dirección por donde había llegado lord Terence y vimos una manada de lobos que nos observaban acechantes. Uno de ellos, seguramente el jefe, aulló y después se adentraron en el bosque, perdiéndose en la niebla. 

─¿Quiénes se ha llevado a lady Susan? ─pregunté. 

─Hay más de un vampiro ─respondió el doctor Brandt─. Nos cercaron y raptaron a lady Susan. Intentamos evitarlo luchando. Consiguieron derribarme. Lord Terence pudo ir tras ellos pero… es muy difícil alcanzar a un vampiro. Son criaturas extremadamente ágiles y rápidas. Además, saben confundirse con las sombras y ayudarse de los animales del bosque cuando lo consideran necesario. 

─¿Dónde podemos buscarla? ─pregunté. 

─Está todo perdido. Jamás la recuperaremos ─dijo lord Terence, abatido.  

─No diga eso. La encontraremos.  

─Y ¿de qué nos sirve encontrarla, Laura? Ella ya no será la misma.  

─Por favor, lord Terence, no pierda la esperanza ─supliqué, con la voz rota. ¡Me dolía tanto su desconsuelo! 

─Lord Terence... ─el doctor Brandt se dirigió a él─. No sé si podremos salvar la vida de su hermana pero lo intentaremos con todos los medios de que dispongamos. Y, si por desgracia, no lo conseguimos, al menos salvaremos su alma. No permitiré que sea igual que esos monstruos. 

─Se lo agradezco, doctor Brandt ─su expresión mudó y parecía un poco más animado. Me miró y sonrió.  

Salimos del cementerio. Lord Terence me ofreció su brazo para que caminara con más seguridad.  

El doctor Brandt se encargó de explicar cuanto había sucedido a los demás miembros del grupo. Y fue un acierto porque el cochero se acordó de que cerca del cementerio, casi dos millas más lejos, subiendo el monte, había un castillo abandonado y podía ser el lugar perfecto para que un grupo de vampiros se escondiera. 

─¡Desde luego! ¡Su memoria es nuestra salvación, señor Vincent! ─exclamó ilusionado el doctor Brandt─. ¡Llévenos allí! ─pidió. 

─¿Le parece que es una buena decisión ir ahora a ese lugar? ─preguntó el doctor Brown─. No esperábamos tener que enfrentarnos con más de un enemigo y, por tanto, no estamos preparados. No vamos armados. ¿Cómo nos defenderemos? Además, es de noche. Usted mismo ha dicho que ellos saben moverse en las sombras y conocerán el terreno. 

─Entiendo sus miedos pero le aseguro que, si queremos rescatar a lady Susan, debemos ser rápidos ─dijo el doctor Brandt─. Y puede estar seguro de que la mejor arma contra los vampiros no es una simple pistola. 


─¿Una simple pistola? ─preguntó perplejo─. ¡Una simple pistola! ¿Qué mejor arma que una simple pistola? Daría mis mejores botas por una pistola, ahora mismo.

─Un crucifijo, una estaca… Una espada, tal vez. Si es lo suficientemente hábil y puede cortarles la cabeza de un tajo ─replicó el doctor Brandt─. Le pido disculpas, señorita Laura, por mi sinceridad sin reservas  ─se disculpó. 

─No se preocupe, doctor Brandt. Me hago cargo de la situación y entiendo su modo de proceder. 

Subimos al carruaje. Lord Terence y el señor Stevenson montaron en sus respectivos caballos. Nos pusimos en camino hacia el castillo.

Me asomé a la ventana y observé al lord. Temía por él y su hermana. Esperaba que la confianza que mostraba el doctor Brandt no fuera sólo un exceso de júbilo.




FIN PARTE DÉCIMOTERCERA

miércoles, 8 de noviembre de 2017

NIEBLAS PROFUNDAS (PARTE DÉCIMO SEGUNDA)

 PARTE DÉCIMO SEGUNDA


La niebla era tan espesa en aquel lugar que parecía que caminábamos en un mundo irreal, sin horizonte. 

El doctor Brandt decidió que iríamos hasta el pueblo que había más al norte. Era allí donde algunas mujeres habían sido víctimas del vampiro. 

Durante el viaje, lord Terence se preocupaba por su hermana y por mí. Y yo, de vez en cuando, abría la cortina de la ventana para mirar y admirar su porte. 


Lady Susan se mostraba desmayada pero, a medida que nos acercábamos al cementerio del lugar, parecía reaccionar. Abría los ojos y mostraba una sonrisa voluptuosa que me asustaba. 







Nos detuvimos a comer en una taberna que había en el pueblo. No ofrecía variedad de comida pero podríamos entrar en calor con unos platos calientes de sopa y carne. También era reconfortante poder acercarse a una chimenea donde ardía un buen fuego. 

Observé que el doctor Brandt no se separaba de su maletín médico pero yo dudaba que dentro guardase material clínico. 



─¿Cómo se encuentra, Laura? ─me preguntó lord Terence. 

─Estoy bien, gracias, milord. 

─Le aseguro que cuando contraté sus servicios, no tenía ni la menor idea de que pudiese poner en peligro su vida. 

─Usted no es responsable de lo que hace… el vampiro.  

─Quizás debería regresar a Londres en vez de seguir aquí. Es muy arriesgado. 

─¡Oh, no! Soy consciente del riesgo que supone para todos enfrentarse al vampiro pero eso no me hará abandonar mi responsabilidad de hacer todo lo posible por ayudar a lady Susan. 

─Agradezco mucho sus palabras y su decisión ─sonrió complacido.  

Posó una mano en mi hombro. No era normal que un caballero tomase esa libertad con una dama, salvo que tuviera extrema confianza. Así que, con temor a equivocarme, pensé que el lord me tenía en alta estima y quizás… No, no podía creer que él albergara los mismos sentimientos por mí que yo sentía por él.

Sentí una punzada en el corazón al perder la pequeña esperanza que  había despertado en mi interior y me alejé de él, cabizbaja. 

Después de comer -lady Susan apenas probó bocado-, reiniciamos el viaje. Esta vez, el doctor Brandt, se sentó dentro del coche. Quería observar atentamente las reacciones de lady Susan. Intuía que estábamos cerca del escondite del vampiro y ella podría llevarnos hasta él. Yo no conseguía imaginarme qué podía hacer ella para guiarnos hasta ese lugar si nunca antes había estado en él. No tardé en saberlo. 

Cruzábamos un puente, cuando lady Susan abrió los ojos como platos. Su respiración se agitó y se abalanzó contra la puerta para intentar abrirla.  

El doctor Brandt fue lo suficientemente ágil para detenerla a tiempo y evitar que saltara del coche en marcha.  

─Estamos cerca de un viejo camposanto ─dijo, de pronto, el reverendo Paul. 

─Entonces hemos llegado a nuestro destino ─añadió el doctor Brandt, satisfecho. 

Para reafirmar las palabras del doctor Brandt, como si intuyeran algo inquietante en la atmósfera, los caballos del carruaje se pusieron nerviosos. El cochero tuvo dificultades para domarlos. Lord Terence le ayudó a tranquilizar a los animales. 

Llegamos a la entrada del cementerio. Bajamos del carruaje. Lord Terence ayudó a su hermana y la sostuvo entre sus brazos. Aunque ella no necesitaba el sostén de nadie. Increíblemente, mostraba un vigor desconcertante. De hecho, empujó a su hermano y echó a correr hacia el interior del cementerio con una rapidez sorprendente. 

Lord Terence corrió tras ella. El doctor Brandt nos miró y habló: 

─Quédense aquí. No se separen. 

Echó a correr detrás de lord Terence y lady Susan.  

El reverendo Paul sujetó con fuerza el crucifijo que colgaba de su cuello y me acordé del colgante que me había entregado el doctor Brandt. Acaricié la cruz y me pregunté si realmente podía suponer una amenaza para un vampiro.  

El cochero se encargaba de tranquilizar a los caballos que, una vez más, se mostraban inquietos. 

Oímos los aullidos de varios lobos. Me puse nerviosa. Recordé las palabras de la señora Hope. Me había dicho que no había lobos por esa zona del sur de Inglaterra.  Entonces, tal vez, rondaba cerca el vampiro. La primera vez que lo vi también habíamos oído el aullido de un lobo. Pero, en esta ocasión, se podía oír perfectamente que no se trataba sólo de un animal, sino de un grupo. Mi miedo se acrecentó.
  
El doctor Brown miró nervioso al reverendo. Después al cielo y comentó preocupado:  

─Quizás deberíamos entrar en el cementerio. Es posible que necesiten nuestra ayuda.  
─Yo creo que es mejor seguir las indicaciones del doctor Brandt ─replicó el reverendo─. Además, debemos cuidar a la señorita Laura. 

Quería dar la razón al reverendo pero, a pesar de mi miedo, ansiaba saber qué estaba pasando dentro del cementerio. La espera se me hacía larga y angustiosa. 

Miré al señor Stevenson. Tal vez él sentía la necesidad de ayudar a su señor y decidía adentrarse en el campo santo. En vez de eso, se acercó al cochero y le ayudó a encender los candiles. 

Empezaba a anochecer y el bosque que rodeaba el cementerio se cubría por una espesa niebla que, seguramente, venía de un río cercano. Con la humedad se intensificaba el frío y me envolví en la capa para protegerme. 

─Debería entrar en el carruaje, señorita ─sugirió el doctor Brown─. Quizás todos deberíamos cobijarnos en él. 

Acepté su sugerencia y me disponía a subir al coche cuando comprobé que el doctor Brandt había olvidado su maletín.  

─¡El maletín! ─exclamé. 

Me miraron sin comprender. Cogí el maletín.  

─El doctor Brandt ha dejado aquí el maletín. Quizás lo necesite. 

─Deberíamos llevárselo. No sé qué guarda en él pero si lo ha traído es porque tiene una razón de peso ─dijo el doctor Brown. 

─Iremos el señor Stevenson y yo -propuso el reverendo─. Ustedes quédense aquí.  

En ese momento oímos el grito de una mujer. Miramos con sorpresa y horror hacia la puerta de hierro oxidado que daba acceso al cementerio. 

─¡Dios mío! ─exclamó el reverendo─.¡Entremos! ¡Vayamos a ayudarles! 

─No deberíamos …─empezó a decir el doctor Brown.

─Ya deberían estar aquí. El cementerio no es tan grande como para perderse. Ese grito demuestra que están en problemas. ¡Vayamos dentro! ─insistió el reverendo y, sin esperar a la reacción de los demás, cogió un farol y se adentró en el cementerio. 

No tardé en seguirle. El doctor me llamó para impedir que fuera tras el reverendo pero no le escuché.  

Oímos el aullido de un lobo y el grito de una mujer. Esta vez reconocí la voz de lady Susan. Mi preocupación iba en aumento.  

El cementerio estaba lleno de lápidas y cruces rotas, llenas de musgo. Lo que antes eran caminos que conducían a las diferentes áreas del lugar, estaban llenos de hierbas y zarzas que no permitían caminar con facilidad.

La oscuridad era otro impedimento. La luz del farol proyectaba tantas sombras entre las piedras y la vegetación que nos confundía. Me resbalé varias veces y el reverendo me ayudaba a levantarme.


Oímos otro grito…

FIN PARTE DÉCIMO SEGUNDA

domingo, 5 de noviembre de 2017

NIEBLAS PROFUNDA (PARTE UNDÉCIMA)

PARTE UNDÉCIMA


Lord Terence sugirió que descansáramos. Aceptamos. Me acompañó a mi habitación.

─No se preocupe. Permaneceré en la habitación de mi hermana y así podré vigilarla a usted también. No permitiré que el vampiro le haga daño, Laura ─me dijo.

Sonreí agradecida. Me besó en la mano, sin dejar de mirarme con intensidad. Sé que me ruboricé y tuve que bajar mi mirada. Entré en la habitación y cerré la puerta.

Oí como lord Terence caminaba por la habitación de lady Susan y arrastraba un sillón hasta la cama.  La doncella que había estado hasta ese momento al lado de la enferma, se retiró.
Me acosté y me quedé dormida.

A la mañana siguiente, nada más despertar, entré en la habitación de lady Susan. Parecía que dormía pero, quizás sólo fingía, como había dicho el doctor Brandt.

Regresé a mi habitación. Me aseé y me vestí para bajar al comedor. No me sorprendió encontrar a los hombres reunidos. Ellos también desayunaban. Se levantaron ante mi presencia.

El doctor Brandt se acercó a mí y sacó algo de un bolsillo de su chaqueta.

─Por favor, señorita Laura. Utilice esto.

Me entregó una cadena de la que colgaba un pequeño crucifijo, ambos de plata.


─¿Cree que es necesario?

─Sí. Permítame que se lo ponga.

Me giré y me abrochó la cadena al cuello. Llevé una mano a la pequeña cruz. Me sentía extraña llevando un símbolo católico.

─No se lo quite, por favor.

Me retiró la silla para que pudiera sentarme y luego se sentó él. Miré a lord Terence. Se le veía cansado. Era evidente que no había dormido por la noche.

Durante el desayuno se abstuvieron de hablar sobre el vampiro. Después se retiraron a la biblioteca. Lord Terence me pidió que fuera con ellos, y así lo hice.

─He cavilado sobre lo acontecido ─empezó a decir el doctor Brandt─. El hecho de que el vampiro quisiera secuestrar a la señorita Laura, indica que ella también puede convertirse en su víctima. Así que es necesario proteger a ambas.

Al oír las palabras del doctor, sentí un gran temor. Lord Terence se acercó a mí, preocupado.

─Está pálida. ¿Se encuentra bien?

─Sí, gracias. Sólo que… me he impresionado, nada más.

─No debe preocuparse. Sabe que la cuidaré. Confíe en mí, Laura ─me sonrió.

─Lo que voy a decir a continuación ─continuó hablando el doctor Brandt─, les va a parecer una locura pero, créanme, sé que es la arma de la que disponemos.

El doctor Brandt se tomó su tiempo para encender una pipa y nos miró con interés a través del humo.

─Reanudaremos la búsqueda del escondite del vampiro pero no iremos solos. Llevaremos con nosotros a lady Susan.

Lord Terence le miró perplejo.

─Mi hermana no está en condiciones de viajar y menos de someterla a una aventura tan peligrosa.

─No le obligaremos a hacer nada extraordinario y tendrá los cuidados necesarios, lord Terence. Pero es necesario que venga con nosotros. Ella nos indicará dónde se encuentra el escondite del vampiro y, con suerte, lo encontraremos también a él.

─¿Cómo espera que haga eso? ─preguntó lord Terence, no muy convencido de la sugerencia del doctor.

─Lo verá durante el viaje. Por favor, confíe en mí. Luchar contra los vampiros requieren medidas extremas y, aparentemente, irracionales. Pero es lo único y más eficaz que podemos hacer.

Lord Terence caminó hasta la ventana. Pude ver, cuando corrió la cortina, que había niebla. Parecía que las inclemencias del tiempo acompañaban a las desdichas que padecíamos.

─De acuerdo. Pero la señorita Laura también vendrá con nosotros. No me arriesgaré a que quede sola en la mansión. Ese… monstruo podría venir a por ella mientras le buscamos en otra parte.

─Me parece muy sensata su sugerencia ─dijo el doctor Brandt.

Tomada la decisión, nos preparamos para salir esa misma mañana. Lord Terence se encargó de llevar en brazos a su hermana hasta el carruaje. Yo me senté al lado de lady Susan. El doctor Brown y el reverendo venían con nosotras en el carruaje. El doctor Brandt se sentó al lado del cochero. Lord Terence y el señor Stevenson viajarían montados en caballo, como el día anterior.



  FIN PARTE UNDÉCIMA

NIEBLAS PROFUNDAS(Parte Décimo Catorce)

PARTE DÉCIMO CATORCE  El camino que llevaba hasta el castillo era angosto y peligroso pero pudimos hacerlo sin sobresaltos, aunq...