sábado, 28 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (15)



15

Lady Margaret no quiso salir de la habitación. Se sentía cansada y, de hecho, se pasó la mayor parte del tiempo dormida.
Durante la comida, la señora Davis pidió a Rowina una vez más que hablara con el señor sobre alojar a las doncellas en la mansión. Rowina se había olvidado por completo de la petición y aseguró que lo haría nada más se encontrase con el lord. Pero Patrick estuvo ocupado todo el día y no pudo hablar con él hasta después de la cena, cuando George se retiró a dormir.
La joven entró en el salón donde él disfrutaba de la lectura y bebía una copa de brandy. Había pocas velas encendidas y la mayor parte de la estancia estaba en penumbra.
─Perdone que lo interrumpa, señor. Quisiera hablar con usted un momento.
─Siéntese ─Patrick dejó el libro en una mesa y acercó la copa a los labios pero tardó en beber pues observaba cada movimiento de ella. Enarcó una ceja esperando que hablase.
─El servicio me ha encargado que le traslade una petición.
─¿Se ha convertido en la voz del servicio? ─preguntó con un tono irónico.
─No. Me han pedido un favor y…
─Sí, por favor, no me haga caso ─la interrumpió─. ¿Qué desea el servicio?
─Creen que algunas de las doncellas que vienen del pueblo deberían dormir en la mansión para que no lleguen tarde al trabajo, ni tengan que marchar de noche.
─Me parece bien.
─Pero dicen que a lady Margaret no le agrada esa idea ─comentó Rowina.
Patrick apuró la copa y la dejó sobre la mesa, encima del libro. Miró a la joven con los ojos entrecerrados, estudiando sus facciones.
─Le aseguro que dispongo de la autoridad suficiente para tomar decisiones en esta casa. Mi tía ya es demasiado mayor para hacerlo.
─No era mi intención poner en duda su autoridad, señor ─se apresuró a decir Rowina a modo de disculpa.
─Lo sé. Solo quería tranquilizarla. Esas mujeres pueden instalarse en la mansión. La señora Aniston puede ocuparse de ello.
─Gracias, señor. Se lo haré saber.
─También puede decirle que arregle la habitación que está al lado de la mía. Podrá disfrutar de las vistas del mar pero está más resguardada de los vientos.
─¿Y no se molestará lady Margaret? ─preguntó la joven.
─No. Entre esa habitación y la de mi tía solo hay un pequeño salón que ella ya no utiliza. Tiene puertas que comunican las tres estancias, y puede cruzarlas sin salir al pasillo ─explicó.
La joven asintió. Patrick frunció el ceño y se inclinó hacia adelante con tanta agilidad que ella se sobresaltó.
─Dígame, ¿por qué ha decidido venir a trabajar aquí? Mi tía ha tenido otras damas de compañía y ninguna era tan joven y tan… hermosa.
Rowina se sonrojó ante el comentario de él. Carraspeó nerviosa y bajó la mirada.
─Me pareció un buen trabajo. Aquí dispongo de tiempo para dedicarme a mis aficiones. Es un lugar bonito y tranquilo ─explicó.
─¿Por qué necesita tranquilidad? ¿Huye de algún amor malogrado? ─se atrevió a preguntar.
El rubor de Rowina fue en aumento. Se cogió a la falda y apretó la tela con fuerza.
─No, señor.
─Yo busco la soledad porque tengo recuerdos que me atormentan. Aun así, no soporto vivir aquí… Este lugar puede enloquecer a cualquiera ─dijo él de pronto y ella se asombró de que fuera tan sincero─. Usted es tan joven y parece tan inocente… ¿Por qué ha de huir de la vida?
─No huyo de la vida ─susurró─. Solo… ─no supo qué responder. Tenía que poner en orden sus pensamientos─. Mis sueños son tan intensos que necesitaba huir de ellos.
─¿Teme que se cumplan o que no se hagan realidad? ─preguntó Patrick y se levantó para acercarse a ella.
─Sé que no se cumplirán ─esbozó una sonrisa triste.
Patrick le tendió la mano y ella la aceptó y se levantó. Se miraron a los ojos. Estaban tan cerca el uno del otro que podían sentir sus respiraciones.
─Dígame que tras su mirada hay un pozo de sabiduría y no una inmensa tristeza.
─No estoy triste ─dijo pero las lágrimas asomaron a sus ojos.
─Sí, hay algo que la entristece.
─Por favor, señor. Estoy cansada… Yo…
Patrick se hizo a un lado y Rowina salió corriendo del salón para subir a su habitación. Se echó en la cama y sollozó.
Cuando se hubo calmado se preguntó qué le estaba pasando. Ella no era así. ¿Por qué le había dicho esas cosas? ¿En verdad huía de sí misma? Se limpió las lágrimas y se sentó ante el escritorio para escribir a su amiga Alice. Desde que había llegado solo le había enviado una carta y, ahora más que nunca, necesita desahogarse con alguien. Ella la conocía bien y sabría aconsejarla.
  
Continuará.

domingo, 22 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (14)



14

Después de atender a lady Margaret, Rowina paseó por los pasillos de la mansión. Afuera llovía bastante y era imposible salir. Entró en el salón que estaba al lado del comedor y se acercó a la ventana. Afuera Patrick hablaba con un hombre que le pareció que era quien se encargaba de las cuadras. Aunque iban protegidos parecía que no les importaba que lloviera. Patrick giró sobre sus talones y vio a la joven en la ventana. La saludó con la mano y ella respondió. Luego, señaló hacia un sitio y el otro hombre asintió.
Rowina continuó con su paseo e inspección de la mansión. Pasó por delante de un despacho. La puerta estaba entreabierta y vio dentro a George. Parecía ocupado y no se percató de la cercanía de ella, así que no se detuvo. Entró en la biblioteca. Se acercó a una estantería y acarició el lomo de los libros. Se sentó delante de la chimenea y observó el retrato de una mujer que había sobre él. Era muy hermosa y se parecía a lady Margaret. Rowina supuso que era la hija de la anciana, aunque nunca preguntó acerca de ella.
Alguien entró en la habitación, giró la cabeza y vio a la señora Aniston que la miraba sonriente.
─Así que se encuentra aquí.
─Sí. Hoy es imposible salir a pasear fuera.
─Desde luego. La señorita Miranda se parecía mucho a su madre y era tan hermosa como ella ─comentó y se sentó─. Después de su fallecimiento, el señor Patrick pidió que se retiraran todos los retratos de ella, sin embargo, permitió que quedara éste, por respeto a lady Margaret.
─¿Por qué lo hizo? ─preguntó Rowina─. Solo era su prima, ¿por qué hacer semejante petición?
─¿En verdad no conoce la historia? ─preguntó perpleja─. Me sorprende que nadie le hiciera algún comentario. Pero, claro, usted es tan reservada ─hizo una breve pausa─. La señorita Miranda y el señor Patrick estuvieron casados ─Rowina abrió la boca de lo sorprendida que se quedó─. Y ella murió al dar a luz a una niña que nació muerta. Entonces, la tristeza inundó esta casa.
─¿Cuándo sucedió eso?
─Ya han pasado unos años… Casi cinco. Pero seguro que la sigue amando ─sonrió con ternura.
Rowina asintió, afligida. Y lamentó cuán estúpida había sido pensando en él, enamorándose de él y albergando una pequeña esperanza de que Patrick pudiera sentir lo mismo por ella. No solo los separaba la diferencia de clase, sino también un amor inolvidable para él.
─¿Se encuentra bien? Ha palidecido ─observó la señora Aniston.
─Estoy bien, gracias. Solo tengo un poco de frío.
─Sí, hay que avivar el fuego ─se levantó y removió las brasas─. Venga conmigo. Me gustaría que me diera su opinión acerca de unas ropas de cama para la señora. Las pedí hace un tiempo y llegaron hoy. Me las trajo Liza del pueblo.
Antes de salir de la biblioteca, Rowina miró nuevamente el retrato y le pareció que aquella mujer la miraba con triunfo y desdén.
 Continuará

TORMENTA DE PRIMAVERA (15)