jueves, 21 de diciembre de 2017

PARTE VIGÉSIMO TERCERA
  

Terence había recuperado el sentido y estaba sentado. Sujetaba un pañuelo contra la herida. Cuando nos vio llegar, nos miró un poco confuso. El doctor Brandt le ayudó a levantarse y a acostarlo en el sofá.

─¿Qué ha pasado?
─¿No lo recuerdas? ─le pregunté.
─Creo que me empujó alguien pero no recuerdo... ¿Ha sido el vampiro? ─preguntó alarmado.
─Me temo que sí ─respondió el doctor Brandt mientras le examinaba la herida.
─¿Usted está bien? ¿Laura?
─Estamos bien, no se preocupe ─dijo el doctor.
─Pero, usted… tiene una herida en el cuello ─observó Terence.
─El vampiro me ha mordido. Pero no se preocupen ─nos miró a los dos─. He cauterizado la herida.
─¿Eso es suficiente para evitar la transformación? ─preguntó Terence, confuso.
─Si se actúa de inmediato, sí.
─No entiendo por qué nos ha dejado vivos ─comenté.
─Creo entender su plan ─dijo el doctor. Terminó de vendar a Terence y sirvió unas copas de jerez para los tres─. Su venganza consistía en convertirme en uno de ellos. Supongo que, o bien se conformaba con eso, o esperaba que yo hiciese lo mismo con ustedes.
─¡Eso es terrible! ─exclamó Terence─. ¿Qué podemos hacer para acabar con él? Es evidente que precede a todas nuestras intenciones.
─En verdad nos ha cogido desprevenidos pero no sucederá más.
─¿Cómo puede estar tan seguro? ─pregunté.
─No lo estoy. Simplemente voy a sugerir un plan que, creo, nos ayudará a evitar ser atacados nuevamente.
─Los sirvientes… ─empecé a decir pero el doctor Brandt levantó una mano para pedirme que callase.
─¿Qué sucede? ─pregunté Terence─. La verdad es que es extraño que no se hayan enterado de lo sucedido.
El doctor Brandt tardó en responder.
─No quería decírselo en este momento. Tiene que reponerse un poco del golpe…Me temo que han sido víctimas de los vampiros. Tenemos que poner en aviso a las autoridades y avisar al padre Paul.
─¡Esto es horrible! ─exclamó Terence, abatido─. ¿Vampiros? ¿No ha venido solo el que se hace llamar lord William?
─Yo he visto a alguno más desde la ventana de mi habitación.
Me senté a su lado y cogí su mano entre las mías; la besé.
─Escúchenme, por favor ─empezó a decir el doctor─. Voy a sugerir que nos separemos. Yo regresaré a Londres para encontrarme con un colega, el señor Curtis. Ya les hablé de él en otra ocasión. Juntos haremos todo lo posible para dar caza a este vampiro…, lord William. Ustedes también deberían irse de aquí una temporada. Hagan un viaje. Disfruten de su matrimonio recién estrenado. Necesitan relajarse.
Terence y yo nos miramos. Yo estaba dispuesta a seguir los consejos de nuestro querido amigo pero vi que la mirada de mi esposo no se centraba en mí, sino en sus pensamientos, y eso me indicaba que iba a tomar una decisión contraria a mis deseos.

─Doctor Brandt, yo iré con usted y su amigo, si me lo permiten. Quiero acabar con ese vampiro. No lo hago sólo por mi hermana, ni por proteger a mi esposa. También quiero evitar que otras personas, especialmente mujeres, caigan en sus engaños.
Tras las palabras de mi esposo, se produjo un tenso silencio. Yo quise hablar y pedirle que pensara con sensatez, que tuviera en cuenta lo peligroso que era enfrentarse a los vampiros, en especial a lord William, pero no tuve valor para hacerlo, para suplicarle que permaneciera a mi lado, aunque fuera en contra de su deseo.
─Es usted un hombre valiente, querido amigo ─dijo el doctor Brandt─. Pero debe pensar en su esposa. ¿Qué clase de vida le dará si decide venir conmigo y mi amigo? Nuestra empresa tiene un comienzo pero desconocemos cuando tendrá su final. Una vez que el vampiro intuya que somos sus cazadores, no dudará en huir. ¡A saber cuán lejos tendremos que viajar para encontrarlo! 
─Insisto en ir con ustedes. Laura puede quedar en casa de mi tía. 
En ese momento me imaginé una vida sin Terence, esperando sus cartas y, lo que era peor, temiendo recibir una mala noticia. Le miré con decisión. 
─Si tu deseo es ir en busca del vampiro, yo iré contigo. 
Me sonrió con ternura. 
─No puedo exponerte a peligros de manera consciente. En casa de mi tía estarás bien. 
─Sabes que no hay un lugar seguro si un vampiro decide atacar. 
─Menos seguro sería venir con nosotros. 
─Me he casado contigo para estar a tu lado, en lo bueno y en lo malo. Lucharé junto a ti contra ese vampiro ─iba a interrumpirme pero se lo impedí-. ¡Por favor, no te niegues! Tu ausencia me enfermaría.  
Terence miró al doctor Brandt pidiendo ayuda. El doctor estaba encendiendo su pipa y aspiró profundamente la primera bocanada. 
─Mucho me temo, querido amigo, que la decisión de su esposa es firme. Cierto que nos vamos a exponer a graves peligros, pero, le recuerdo, que ella también está en el punto de mira del vampiro, lord William. Así que no estaría más protegida en casa de su tía, de usted, como a nuestro lado. Además, lady Laura ha demostrado ser una mujer muy valiente. Por mí no hay inconveniente de que venga con nosotros. 
─Está bien. Acepto que vengas con nosotros ─dijo mi esposo y me sonrió. Nos besamos.  


Después del entierro de los sirvientes, nos preparamos para irnos. Algunas mujeres del pueblo me ayudaron a cubrir los muebles con telas blancas para protegerlos del polvo. Desconocíamos cuándo regresaríamos a la mansión.  

A pesar de los horrores vividos, y la tristeza que me producía la pérdida de tantos seres humanos, sabía que recordaría Clovelly con cariño y respeto pues era el lugar donde había conocido a mi amado esposo.

Antes de subir al  carruaje, miré una vez más la mansión y no dejé de mirarla desde el coche, hasta que la niebla profunda la borró en el horizonte. 



Fin

martes, 19 de diciembre de 2017

NIEBLAS PROFUNDAS (Parte Vigésimo Segunda)

PARTE VIGÉSIMO SEGUNDA

Pasaron unos días desde el entierro de lady Susan. El doctor Brandt no regresó a Londres porque estaba convencido de que el vampiro, lord William, vendría a vengarse. Yo rezaba para que eso no sucediera.
Lord Terence me pidió la mano y acepté gustosa. Nos casamos en una ceremonia muy íntima.
Lamenté que mi hermano no estuviera presente y, Terence, también echó de menos a su tía, lady Margaret, pero no quiso posponer la fecha de la boda. No quería darme explicaciones de su proceder, aunque yo sospechaba que temía que el doctor Brandt tuviera razón y nuestra felicidad fuese interrumpida en cualquier momento.
Dicen que tras una tormenta, viene la calma. Pero no es prudente confiarse en que no vuelva a producirse otra tormenta y que ésta sea mayor que la primera.
La pérdida de lady Susan, y las otras víctimas de los vampiros, debió prepararnos para lo que iba a acontecer unos días después de nuestra boda, sin embargo, quizás por necesitar evadirnos de la realidad, no fue así.
Una noche, después de cenar, nos retiramos al salón verde para tomar un reconstituye antes de irnos a dormir.
El doctor Brandt nos comentaba una de sus muchas aventuras vividas en uno de los países en los que había estado hacía un tiempo.
El calor de la chimenea y el alcohol del jerez me adormecieron un poco y oía las voces del doctor y de Terence, lejanas, confundiéndose con mis pensamientos.
Un golpe seco, fuerte, me despabiló bruscamente. Vi a Terence tirado en el suelo, sangrando por la cabeza. A su lado estaba el vampiro, lord William, que miraba lleno de ira, con los ojos enrojecidos, al doctor Brandt.
Me levanté para socorrer a mi esposo. Pero para llegar junto a él, tenía que pasar al lado del vampiro y no pude impedir que me cogiera por la cintura, con un brazo, y me levantara en volandas. Grité, asustada.
─¡Doctor Brandt! ─gritó el vampiro─. Usted siempre ha sido una piedra en el camino de los míos. Pero eso se va a acabar aquí y ahora.
El vampiro me bajó al suelo. Me miró. Yo estaba horrorizada. Me empujó y caí sentada al suelo.
Pude ver al doctor Brandt salir corriendo de la habitación. El vampiro se rió y fue tras él.
Yo me acerqué a Terence y le levanté la cabeza. Se había golpeado contra la pared de la chimenea y tenía una breza en el lado derecho, que sangraba abundantemente.  Me quité el chal y le cubrí la herida.
─¡Terence! ¡Terence, por favor, despierta! ¡Amor mío, por favor, no te vayas! ─supliqué entre sollozos.
Terence no reaccionaba y grité pidiendo auxilio, confiando en que los sirvientes me oyeran y vinieran de inmediato.
En ese momento, desconocía que había más vampiros en la casa y ya habían dado muerte a todos los sirvientes, entre ellos el señor Stevenson y la señora Hope.
Mis súplicas no fueron escuchadas y me animé a hacer algo. Me levanté y, con precaución, salí al vestíbulo. No había nadie y no oía ningún ruido.
Tenía tanto miedo que mi cuerpo temblaba descontroladamente. Pero era necesario hacer algo. Terence estaba mal herido y no sabía cuál había sido la suerte del doctor Brandt, ni si estaba el vampiro todavía en la mansión.

Me dirigí a la zona donde estaban los dormitorios de los sirvientes. Llamé en la primera puerta, que pertenecía la señor Stevenson. Procuraba no hacer más ruido del necesario. Al no obtener respuesta, me atreví a entrar. Entonces vi una escena horrible. El señor Stevenson estaba tirado en el suelo, decapitado.
Sentí náuseas y salí de allí. Fui a la habitación de la señora Hope. Entré sin llamar. Me esperaba otra escena dantesca. La pobre mujer estaba en la cama y tenía abierto el pecho.
Supuse que todos los sirvientes habían corrido la misma suerte y, entonces, sospeché que podía haber más vampiros en la mansión. Entonces consideré que debía ir al dormitorio que ocupaba el doctor Brandt para buscar alguna de las armas que utilizaba  para luchar contra los vampiros.
Regresé al vestíbulo y comprobé que no había nadie. Subí las escaleras, con sigilo. Llegué al primer piso y eché un vistazo al pasillo que, en ese momento, me pareció más largo y oscuro de lo habitual.
La habitación del doctor Brandt, estaba casi al final, enfrente de la que ocupaba yo. Aspiré hondo, y caminé hasta allí. Me inquietaba no escuchar ningún ruido extraño. Me preguntaba si el vampiro, o los que hubiera, ya se habían ido.

─¡Oh, Dios mío! ¡Ayúdame a superar este  trance! ─supliqué y llevé la mano al crucifijo que todavía llevaba colgado en el cuello.
Oí un golpe que me pareció proceder de la habitación del doctor Brandt. Instintivamente me agaché para protegerme, arrimada a la pared. Al cabo de unos segundos, me di cuenta de que era ridículo querer ocultarse así y continué caminando.
Llegué junto a la puerta. Posé una mano temblorosa en el pestillo y abrí la puerta.
Las llamas de la chimenea proyectaban una luz rojiza sobre la estancia. Aparentemente no había nadie en ella. Aún así llamé al doctor.
─¿Doctor Brandt?
─¡Laura!
El doctor me respondió con una voz débil. Entré en el dormitorio y lo vi. Estaba tirado en el suelo, del lado de la ventana. Me acerqué a él, corriendo.
─¡Doctor Brandt!
Me arrodillé ante él. Pude ver que en el cuello tenía las típicas marcas que hacían los vampiros al morder a sus víctimas para vampirizarlas, además de algunas magulladuras.

─¡Doctor Brandt! ¿Qué puedo hacer? ¡Terence también está mal herido!¡Está inconsciente!
El doctor se levantó y se sentó en la cama. Me senté a su lado. Puso un pañuelo sobre la herida. Se acercó a la chimenea y metió el atizador entre las llamas. Mordió el pañuelo. Cuando el hierro se puso al rojo vivo se lo acercó a la herida. El pañuelo contuvo su grito de dolor.
Corrí junto a él para ayudarlo a sentarse en un sillón. Estaba extremadamente pálido y tenía la frente perlada de sudor.
─¿Usted está bien? ─me preguntó.
─Sí. El vampiro no me atacó ─respondí.
─Ese vampiro tiene planes maquiavélicos ─dijo.
─Creo que ha matado a todos los sirvientes. Quizás no estaba solo…No sé. Debo regresar junto a Terence.
─Espere. Iré con usted─. Necesito mi maletín. Está en el armario.
Me apresuré a cogerlo y regresamos al salón verde.

FIN PARTE VIGÉSIMO SEGUNDA


miércoles, 13 de diciembre de 2017

NIEBLAS PROFUNDAS (Parte Vigésimo Primera)

PARTE VIGÉSIMO PRIMERA

Antes de seguir exponiendo cuanto aconteció en el cementerio considero de vital importancia comentar la conversación que tuvo lugar durante el trayecto que hicimos hasta el cementerio.
Durante el viaje en el carruaje, el doctor Brandt terminó  de comentar lo que le había aconsejado su amigo.  De su maletín extrajo una pistola un tanto extraña, que entregó a lord Terence.
─Como puede ver, esta pistola ha sido modificada.
─Sí, realmente parece que tiene el cañón más grande y un depósito que no parece que sirva para cargar balas normales.
─Efectivamente, querido milord. En ese depósito se carga esto ─sacó un pequeño frasco del maletín─. Es agua bendita. Al disparar la bala se impregna con el agua y hiere gravemente al vampiro. 
─¿Cómo puede estar seguro de ello? Lord William ha demostrado que no es vulnerable ante las imágenes sagradas.
─Mi amigo, el señor Curtis, es antropólogo y, al igual que yo, un empedernido luchador contra los vampiros.  Me ha comentado que él también se encontró con algún espécimen similar a lord William y este artilugio le dio resultado. Bien es cierto que no destruye al vampiro, pero lo debilita lo suficiente como para poder aniquilarlo clavándole una estaca en el corazón y cortándole la cabeza.
─¿Es eso lo que le haremos a mi hermana?
La pregunta de lord Terence me sobresaltó. No imaginaba que tuviésemos que practicar semejante crueldad a un cuerpo que yacía sin vida.
El doctor Brandt no respondió pero su silencio fue realmente revelador. Sentí una creciente angustia.

Llegamos al cementerio y bajamos del carruaje. El cochero, Samuel, sobrino del malogrado señor Vincent, nos miró con miedo. Lord Terence le sonrió para tranquilizarlo.
─No se preocupe Samuel. Usted quedará aquí.
Cogió un farol y nos adentramos en el cementerio. El frío de la noche era húmedo. Había luna llena y, a pesar de la niebla, podíamos guiarnos bastante bien por los caminos del camposanto.
Como ya mencioné, nos quedamos ocultos tras unos arbustos y una cruz, vigilando la tumba donde estaba enterrada lady Susan.  
Oímos el aullido de un lobo y eso, para mí, significaba que los vampiros estaban cerca. Inconscientemente, o tal vez no, me cogí de lord Terence.  
─Tranquila, Laura ─me dijo, mostrándome una sonrisa tranquilizadora. 
No tardamos en ver acercarse a alguien. Sentí cómo se me encogía el corazón. Supimos que se trataba de un vampiro porque se atrevía a saltar de cruz en cruz y trepaba a los tejados de los mausoleos con la agilidad de un felino. 
Se situó delante de la tumba de lady Susan y rompió el candado que cerraba la verja. Miró hacia atrás, como si presintiese  que alguien le estaba acechando. Entró.  
─No me parece que sea lord William ─comenté. 
─Es extraño que no sea él quien venga a buscar a lady Susan ─dijo el doctor Bradnt─. Espere aquí, señorita Laura ─me dijo─. Lord Terence, me consta que es un buen tirador --le entregó el arma, ya cargada-. Apunte al vampiro. Yo me encargaré de… lady Susan. 
Lord Terence me entregó el candil y, junto con el doctor se acercaron con sigilo al mausoleo y entraron. En ese momento me pareció que un animal se acercaba a mí, gruñendo. Dejé el candil en el suelo y eché a correr hacia el mausoleo. Entonces pude ver al vampiro. No se trataba de lord William, sino de otro vampiro que pertenecía a su clan, si se les podía llamar así.  
El vampiro había abierto el ataúd. Lady Susan tenía los ojos abiertos pero permanecía inmóvil. No parecía un cadáver. Su aspecto era lozano e, incluso me atrevería a decir que parecía más hermosa.  
No entendí por qué lord Terence no disparaba al vampiro. Más tarde supe que cumplía con una orden del doctor Brandt. En vez de eso, amenazaba con un crucifijo al vampiro. 
Mientras, el doctor Brandt, cogió una estaca y un martillo en su maletín y los puso sobre el corazón de lady Susan. Miré horrorizada lo que estaba haciendo. El doctor clavó la estaca en el corazón de ella. Lady Susan gritó como un animal salvaje. Sus ropas se tiñeron de sangre.   
Yo también grité ante semejante escena. Entonces, fueron conscientes de mi presencia. La confusión se apoderó de ellos y el vampiro aprovechó el momento para huir.  
Lord Terence quiso ir tras él pero el doctor Brandt se lo impidió. Se acercó a mí  y me abrazó. 
─No deberías estar aquí, Laura ─me dijo. 
─Había algo ahí fuera que me pareció peligroso ─dije. 
─Entiendo que esto que hice puede parecer un acto cruel pero era necesario ─dijo el doctor─ ¡Fíjense! ─nos acercamos junto a lady Susan. 
Su rostro había cambiado. Tenía los ojos cerrados y transmitía una paz que hasta ahora las circunstancias en las que se había visto envuelta, le había sido negada. Era evidente que ya no tendríamos que preocuparnos de su alma, ni de su cuerpo, así que el doctor Brandt no terminó el rito como yo temía que así fuese: decapitándola.

Rezamos una oración por su alma y nos fuimos de allí.

FIN PARTE VIGÉSIMO PRIMERA

jueves, 7 de diciembre de 2017

NIEBLAS PROFUNDAS (Parte Vigésima)

PARTE VIGÉSIMA 

Despuntaba el alba cuando la señora Hope nos despertó pidiendo que nos presentásemos en la habitación de lady Susan lo más rápido posible. 
Cuando llegué al dormitorio, el doctor Brandt y lord Terence ya se encontraban junto a la enferma. 
─¿Qué sucede? ─pregunté. 
─Está muriendo ─me respondió lord Terence. 
Observé a lady Susan. Su pecho estaba agitado, luchando por retener el aire que parecía no ser suficiente para mantenerla con vida. Abrió los ojos y miró a su hermano, suplicante.  
Lord Terence se arrodilló ante ella y le cogió una mano entre las suyas. La besó. 
─Susan, mi amada hermana ─sollozó. 
Posé una mano en su hombro. Era muy triste verle obligado a despedirse de su hermana, una mujer tan joven y hermosa.
Lady Susan tosió y cerró los ojos. Unos segundos después exhaló el último hálito  de sus pulmones. Lord Terence apoyó el rostro en el hombro de su ya fallecida hermana.  
─Esto no se ha acabado ─dijo el doctor Brandt. 
Le miramos sin comprender. Lord Terence se levantó. 
─¿Qué quiere decir? 
─No hemos salvado su alma. 
─He pedido al señor Stevenson que fuera en busca del reverendo.  
─Eso no la ayudará. Su hermana ha muerto bajo la influencia del vampiro. Debemos enterrarla de inmediato. 
─Esta tarde se celebrará una misa y el entierro ─dijo lord Terence. 
─Bien. Lord Terence, lamento mucho no haber podido salvar a su hermana.  
─Usted fue sincero en su carta que me envió en respuesta a la mía. Dijo que era demasiado tarde para evitar este desenlace. 
─Aún así…, lo siento. 
Lord Terence asintió y cubrió el rostro de su hermana con la sábana. Me miró y se abrazó a mí.
─Lo siento mucho, Terence.

Como había anunciado lord Terence, por la tarde se celebró el funeral de lady Susan. Fue enterrada en el panteón familiar, un mausoleo donde se disponían varios nichos en donde reposaban los antepasados.
Fue un momento desolador en el que le acompañé para mostrarle mi cariño y mi apoyo. 

Cuando regresamos a la mansión, conocimos las intenciones del doctor Brandt para intentar poner fin a la pesadilla que había vivido la familia Evanson.
─Debido a lo acontecido no he tenido oportunidad de comentar lo que averigüé en mis últimas investigaciones que realicé durante mi estancia en Londres ─empezó a decir, a la vez que saboreaba su pipa─. He recibido una carta de un viejo colega que me dice qué podemos hacer para acabar con un vampiro del tipo de lord William.
─¿Qué se puede hacer? ─preguntó lord Terence─. En verdad, no sé si ya me importa que ese vampiro permanezca en este mundo o no.
─Debería importarle. Además de convertir a su hermana en una víctima más, ha estado a punto de secuestra a la señorita Laura.

─¿Cree usted que puede venir a por ella otra vez? ─preguntó preocupado.
─Sí, lo creo. Pero antes vendrá a por su hermana.
─¿Qué tenemos que hacer? ¿Cómo podemos detener esta pesadilla?
─Iremos al cementerio antes de que anochezca. Queda poco, así que debemos apresurarnos. Vigilaremos la tumba de su hermana y luego… sólo le pido que me deje actuar sin entrometerse. Lo que tengo que hacer le parecerá una locura, lord Terence, pero es inevitable.
Aunque no querían llevarme con ellos, me negué a quedarme sola en la casa. No me sentía segura en la mansión aun sabiendo que los sirvientes podían permanecer a mi lado, cuidándome.
Viajamos en el carruaje hasta el cementerio y, una vez más, nos acercamos al mausoleo pero, por petición del doctor Brandt, no entramos, sino que permanecimos cerca, escondidos, esperando a que sucediera algo…
No muy lejos se oyó el aullido de un lobo. 


FIN PARTE VIGÉSIMA

AMOR MALDITO (3)

Eira, a pesar de no sentirse totalmente recuperada de la neumonía que padeció, no podía conciliar el sueño. Afuera se escuchaba el vi...