martes, 28 de enero de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (1)






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Nadie quería trabajar en Victoria Manor y nadie se atrevía a hablar abiertamente sobre ello. Aunque, como era habitual, siempre se hacían comentarios en grupos cerrados, a espaldas de quien pudiera llamar la atención a los criticones e imponer un poco de sensatez.

Algunos decían que no querían trabajar en la mansión porque no les gustaba el agrio carácter de la dueña, lady Margaret Hamilton. Para otros, los más supersticiosos, la razón era que estaban convencidos de que la casa estaba encantada y cuando menos te lo esperabas podías presenciar un fenómeno tan inexplicable como terrorífico e, incluso, encontrarte con algún fantasma de los antepasados de lady Margaret.

Pero la joven Rowina Clarke no escuchó los consejos de su amiga Alice y, tras coger sus pocas pertenencias, viajó a la mansión, que se encontraba en el condado de Devon, con la esperanza de conseguir un trabajo y un salario que le permitiese hacer algunos ahorros para su futura vejez.

Rowina había nacido en una familia que tenía una pensión, así que estaba acostumbrada a conocer a todo tipo de gente y, por ello, no le intimidaba que lady Margaret pudiese ser una vieja solitaria y amargada. Tras el fallecimiento de sus padres, se vio obligada a vender la pensión para saldar algunas deudas y empezó a trabajar como criada.

Cuando leyó en el periódico que lady Margaret buscaba una dama de compañía, no dudó en responder al anuncio. Su amiga, Alice, conocedora de cuanto chisme circulara por Inglaterra, la previno de que no debía aceptar esa oferta pero la joven no le hizo caso. Necesitaba el trabajo y nada la asustaba tanto como para dejar escapar lo que consideraba una buena oportunidad.

Rowina se despidió de Alice con un abrazo y subió al carruaje. Echó un vistazo rápido a quienes iban a compartir el viaje con ella y se asomó a la ventana para despedirse de Alice.

─¡Escríbeme! ¡No lo olvides! ¡Escríbeme! ─repitió una vez más su amiga.

─Lo haré ─respondió Rowina.

─Y si decides huir de ese lugar… Ya sabes dónde encontrarme.

─No voy a huir de ningún lugar ─rió Rowina. Se dieron la mano y se dijeron adiós hasta que el tren se alejó lo suficiente como para no verse.

Rowina cerró la ventana y se sentó. Sus compañeros de viaje la miraban con curiosidad.

─¿Es el primer viaje que hace? ─le preguntó una señora mayor, de aspecto agradable.

─No ─respondió Rowina, y recordó el día que salió de su pequeña ciudad y dejó todo su pasado atrás.

─Su amiga debe quererla mucho ─insistió la señora que parecía tener ganas de hablar.

─Sí ─sonrió─. Hace años que nos conocemos y simpatizamos casi desde el primer día.

Rowina recordó el día que conoció a Alice. Era un poco más mayor que ella y de carácter más extrovertido. Desde el primer día que entró a trabajar en la casa de un famoso abogado de Londres, Alice se hizo amiga de ella y la enseñó a realizar las tareas del hogar. Conocedora de las habilidades de Rowina en la pintura, cálculo, francés y piano, la animaba para que buscase un trabajo de mejor categoría. Pero la joven, que había tenido que dejar sus estudios a temprana edad, no se creía lo suficiente preparada para ser niñera o profesora.

Sin embargo, ser ama de compañía de una mujer mayor le parecía que podía ser un cargo hecho a su medida, así que no dudó en enviar una carta a Lady Margaret ofreciéndose para ello. La respuesta no se hizo de esperar y Rowina se encaminaba hacia su nuevo hogar con entusiasmo.

Alejarse del bullicio de Londres para encerrarse en una vieja mansión no parecía una decisión muy acertada. A pesar de ello, la joven presentía que sería un buen trabajo que la ayudaría a consolidar su economía. Además, ella tenía un carácter tranquilo, introspectivo. Así que, para pasar el tiempo le bastaba con disfrutar largas horas leyendo, dibujando o, simplemente, paseando. Y estaba segura de que en su nuevo hogar encontraría muchos sitios por donde pasear y disfrutar de la naturaleza.

CONTINUARÁ.





TORMENTA DE PRIMAVERA (15)