lunes, 24 de febrero de 2020

NOTA DE LA AUTORA

Ya me han operado  pero la recuperación está siendo dolorosa, así que, durante una o dos semanas no podré atender el blog. Lo siento. Gracias por vuestras visitas. Hasta pronto.

lunes, 17 de febrero de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (7 y 8)


7


Rowina se quedó dormida en el sillón y se despertó al oír un quejido que inundaba toda la mansión. Parecía el lamento de una mujer. Recogió el libro que había caído al suelo. Se puso una bata y salió al pasillo. Oyó pasos y contuvo la respiración pero se tranquilizó cuando vio venir a Patrick.
─¿Todavía está despierta? ─preguntó cuando se acercó a ella.
─Me ha despertado un ruido.
─¿Qué ruido?
─Parecía un lamento.
─Sí, lo era ─asintió─. Es el lamento de la muerta. ¿No le han hablado de él?
Rowina negó con la cabeza. No estaba segura de si él se estaba burlando de ella o hablaba en serio.
─Parece asustada ─observó.
─No lo estoy, señor.
─Eso espero. ¿Cree en fantasmas? 
Rowina guardó silencio. Recordó los días en los que su madre aseguraba con insistencia que había visto el fantasma de su tía.
─¡Por el amor de Dios! No será una criatura supersticiosa, ¿verdad? ─preguntó, aparentemente disgustado.
─No, señor. No creo en apariciones ─afirmó.
─¡Bien! ─exclamó─. Le aseguro que hay mucha gente que cree que esta mansión está encantada y que ese sonido… ¡Escuche! ─volvió a oírse el lamento─. Dicen que es lamento de un fantasma. Pero no es así.
─¿Y qué es? ─preguntó Rowina.
─El viento y el mar… Solo eso. Debajo de esta  mansión hay una gruta. Cuando azota el viento del noroeste se adentra en ella  y hace eco. Eso, junto con las olas incrementa el sonido haciéndolo parecer más dramático.
─Ahora que conozco el origen suena incluso como si fuera música ─dijo Rowina después de escuchar nuevamente el ruido.
Patrick la miró fascinado y sonrió. Asintió con la cabeza.
─Es usted un alma creativa ─dijo─. Le deseo una buena noche.
─Gracias, señor. Yo a usted también.
Patrick se dio la vuelta y caminó hasta su dormitorio. Rowina entró en el suyo y se apoyó en la puerta. Descubrió, desconcertada, que su corazón se había sobresaltado y no era por el misterioso ruido, sino por la presencia de él. Se llevó las manos a las mejillas que ardían. Esperaba que él no se hubiese dado cuenta de ello.






8


Rowina bajó a la cocina para recoger el desayuno de lady Margaret. La cocinera apresuraba las tareas. Su ayudante se había retrasado. Cuando vio a la joven dejó escapar una exclamación de alivio.
─¡Señorita Rowina! Tal vez usted no tenga inconveniente en ayudarme a cortar el bizcocho.
─Desde luego que no.
─July no ha llegado todavía. Yo siempre he pensado que es mejor que la servidumbre viva en la mansión porque ahora que se acerca el invierno es complicado recorrer los caminos. Pero la señora no quiere ni pensar en ello. Quizás si usted hablase con el señor, podría persuadir a la señora.
─¿Y por qué iba a hacerme caso a mí el señor Patrick? ─preguntó Rowina.
─No lo sé ─respondió un poco confusa─. Pero por intentarlo…
─Yo estoy de acuerdo con Mildred ─dijo la señora Aniston que entraba en ese momento en la cocina─. Deje que yo siga con eso y lleve el desayuno a la señora ─sugirió.
Rowina cogió una bandeja y preparó las cosas mientras escuchaba al ama de llaves.
─Deberían vivir aquí algunas doncellas para agilizar las tareas. Esta mansión es muy grande y siempre llegan con retraso y se tienen que ir tarde. Además no es prudente transitar el camino en invierno.
─En una ocasión mataron a una joven ─dijo la cocinera.
─¡De eso ya hace mucho tiempo y ya sabemos que fue un crimen por celos! ─comentó la señora Aniston.
Rowina, que las miraba con interés, se preguntó si el fantasma de la casa se atribuía a esa joven asesinada pero, en ese momento, no podía perder más tiempo y subió a la habitación de la señora.

Lady Margaret ya se había despertado y leía su libro de oraciones. Miró por encima de éste a la joven cuando entró con la bandeja y lo dejó a un lado.
─Buenos días, milady.
─Buenos días, señorita Rowina. ¿Ha descansado bien?
─Sí, gracias. ¿Y usted?
─Muy bien, gracias. Por suerte Morfeo es complaciente conmigo. Otra gente de mi edad no descansa bien por culpa de las molestias que le ocasionan las articulaciones.
─Lo sé. Es bueno saber que a usted no le aquejan esos males.
─Mi doctor dice que es gracias a que siempre hice ejercicio ─sonrió divertida.
Rowina asintió. Le acercó el desayuno y se acercó a la ventana. El cielo estaba gris, aunque había algún claro en el horizonte y no llovía.
─Hoy comeré en el comedor, querida.
─Está bien. Me alegra que se sienta tan animada.
─La presencia de mi sobrino es la causa de ello ─rió.
Rowina la miró y se preguntó por qué la gente hablaba mal de ella. Desde que estaba en la mansión la anciana nunca había dado muestras de tener mal carácter.
De pronto se abrió la puerta y entró Patrick. La joven sintió cómo se tensaba su cuerpo y aspiró aire para intentar controlar sus emociones.
─¡Buenos días! ─saludó─. ¿Ha pasado una buena noche, tía?
─Sí, gracias.
Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla, luego se volvió hacia Rowina.
─Y usted, señorita Rowina, ¿ha descansado bien?
─Sí, gracias, señor ─bajó la mirada.
─George y yo vamos a dar un paseo en caballo. Nos vemos más tarde ─dijo a la vez que se iba.
─Parece que quiere cambiar ─susurró la anciana y Rowina observó que su rostro se había puesto serio.
Y Rowina, extrañada por esa afirmación, frunció el ceño. Del mismo modo que no se imaginaba a la anciana siendo antipática, no se imaginaba a él con mal carácter.
Sin quererlo, exhaló un suspiro y la anciana la miró con curiosidad.
─Señorita Rowina, ¿es usted romántica? ¿Está triste?
─No estoy triste y no me considero romántica.
─Solo los románticos y los  tristes suspiran para aliviar sus almas de tanta carga emocional. Espero que usted no tenga ese problema.
Rowina cogió la bandeja del desayuno y la dejó sobre una mesa. Ayudó a la señora a salir de la cama. Y pensó en Patrick y en lo que le había dicho la anciana. ¿Era romántica? Quizás sí lo era y por eso no podía dejar de pensar en él.


 Continuará.

NOTA DE LA AUTORA: He decidido compartir dos capítulos porque esta semana no estaré en activo. Me tengo que someter a una intervención quirúrgica y desconozco cuánto tiempo estaré ausente, aunque confío en que el próximo fin de semana, o a principios de la próxima pueda subir nuevos capítulos. Gracias por vuestras lecturas.¡Un saludo y hasta pronto!


jueves, 13 de febrero de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (6)




6


En otoño e invierno, lady Margaret salía muy pocas veces de su habitación. Pero ese día, para celebrar la llegada de su sobrino, decidió cenar en el comedor.
Los sirvientes se habían esmerado en limpiarlo y eliminar el olor a moho que impregnaba parte de la casa.
Rowina ayudó a bajar las escaleras a la anciana y a sentarse en un salón que precedía al comedor.
─¿Desea tomar algo tía? ─preguntó Patrick quien ya se encontraba en la estancia, junto con George.
─Sí, no me vendría mal una copita de anís.
─Con su permiso, yo me retiro ─dijo Rowina.
─Está bien. Nos veremos después de la cena, querida ─dijo la anciana.
Rowina asintió y fue a la cocina, pero no estuvo mucho tiempo en ella. Después de cenar, su presencia fue requerida en el salón.
─Seguramente, la señora quiere que la lleves de regreso a su habitación ─supuso la señora Aniston.
─Sí. No tiene costumbre de salir de allí y estará cansada ─asintió Rowina y se dirigió al salón. Por el camino se arregló los cabellos.
Por la escena que vio no parecía que lady Margaret estuviera dispuesta a regresar a su dormitorio. Estaba sentada en un sillón y hablaba animadamente con su sobrino. Se interrumpieron al verla.
─Señorita Clarke… ¿Puedo llamarla Rowina? ─preguntó Patrick.
─Sí, señor.
─Mi tía dice que sabe tocar al piano. Quizás no tenga inconveniente en deleitarnos con su música.
─Mis conocimientos no me permiten considerarme una experta, señor. Así se lo hice saber a su tía en mis credenciales.
─¡Seguro que será suficiente para pasar un rato agradable! ─se levantó y tendió una mano hacia ella que aceptó, con timidez.
La condujo hasta el piano y levantó la tapa. Apoyó un codo en él y esperó a que ella empezara a tocar, sin dejar de mirarla fijamente. Rowina se sentía muy nerviosa bajo la atención de él, pero empezó a tocar una melodía sencilla y consiguió concentrarse en la música.
Patrick regresó al sillón. Su tía lo miró complacida. El abogado, George, miraba encandilado a la joven. Le parecía estar viendo un retrato romántico sacado de las novelas que su hermana se hartaba de leer cuando era joven para luego comentar con él.
Rowina terminó de tocar la pieza y confió en que no le pidieran que continuara. Miró a Patrick y éste empezó a aplaudir. Le siguieron los demás.
─Para no ser experta lo ha hecho muy bien ─comentó.
─Gracias, señor.
─Ya te dije que había contratado a una joven muy hacendosa ─dijo lady Margaret con una gran sonrisa─. Ahora me gustaría retirarme. Querida, llévame a mi habitación. La velada ha sido maravillosa, señores, pero una ya es demasiado vieja para permanecer tantas horas despierta.
Rowina bajó la tapa del piano y se apresuró a ayudar a lady Margaret pero Patrick se interpuso entre ambas.
─La llevaré yo, si no tiene inconveniente, tía.
─Desde luego que no.
─Por favor, síganos ─pidió a Rowina.
Patrick entró en la habitación y acercó a su anciana tía hasta la silla del tocador.
─Las dejo solas ─besó a su tía en una mejilla y esbozó una débil sonrisa mirando a Rowina.
Lady Margaret sonreía mientras Rowina le deshacía el peinado y le cepillaba los cabellos.
─¿Qué impresión le ha causado mi sobrino? ─preguntó de pronto.
─Pues… No sabría decirle ─parpadeó confusa─. Es muy amable con usted.
─¡Amable! ─repitió la anciana, pensativa, como si intentara descifrar un mensaje oculto en la palabra─. Ha recibido una buena educación, así que tiene la obligación de saber mostrarse como un caballero ─dijo─. En el pasado, no muy lejano, su carácter era más afable pero ciertas circunstancias lo cambiaron y se convirtió en un ser arisco y solitario. Espero que vuelva a ser el que era entonces. Aunque conmigo siempre se mostró encantador, a pesar de algunas diferencias que tuvimos.
─Debe quererla mucho.
─Supongo que sí ─empezó a quitarse el carmín de los labios─. Yo también le tengo cariño. Lamento que la vida no lo haya tratado muy bien pero estoy segura de que Dios le guarda alguna sorpresa agradable que lo haga feliz. Yo rezo para que así sea.
Se levantó y caminó hasta la cama. Rowina la ayudó a quitarse las ropas y ponerse el camisón.
─¿Ha pensado alguna vez en el matrimonio, querida?
Rowina miró a milady con sorpresa. Le abrochó los botones del camisón y echó para atrás la ropa de cama.
─No mucho, la verdad, milady.
─Debería hacerlo. Es joven y bonita. Y las mujeres no pueden ni deben vivir solas. Si la soledad llega a una, que sea por haber enviudado ─se acostó─. Tiene una buena educación. Eso la ayudará a encontrar un esposo con una aceptable posición social. Puede ser un oficinista. ¡Un contable! Un comerciante… Incluso el señor Muller sería un buen candidato. Como ya sabe es abogado. Carece de títulos nobiliarios, así que no sería un impedimento que se fijara en usted. Piense en ello, querida.
─Sí, lo haré ─susurró Rowina, disgustada por los comentarios de su señora. Ella sabía perfectamente cuál era su lugar en la sociedad y no necesitaba que se lo recordaran con tanta desfachatez.
Además, Rowina creía en el amor y no estaba dispuesta a casarse por la simple necesidad de tener un compañero a su lado, ni por seguir las costumbres impuestas por la sociedad.
Cogió el libro de los salmos y leyó uno de ellos. Lady Margaret se quedó dormida antes de que Rowina terminara la lectura. La contempló un rato, en silencio, luego apagó las lámparas y fue a su dormitorio.
Aunque se puso el camisón, no se acostó de inmediato. Se sentó junto a la ventana para leer un poco e intentar olvidar las palabras de la anciana.
Continuará.


lunes, 10 de febrero de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (5)


5


Rowina sirvió té en las dos tazas y ofreció una a lady Margaret. La anciana bebió un sorbo y miró a la joven.
─Creo que hoy llegará mi sobrino Patrick. ¿Se lo comenté antes, querida?
─No, señora. Pero la señora Aniston ya me informó de ello. Creo que también vendrá el señor Muller, su abogado.
─¿Ah sí?... Sí, es cierto. ¡Mi memoria! ─rió divertida─. Debería comer un poco más, querida. Está quedando en los huesos y eso no es sano.
─Siempre he sido de complexión delgada, milady.
─¡Tonterías! ¡Cuánta hambre habrá pasado!
─No he pasado hambre.
─No es bueno ser orgullosa ─la  regañó.
─No lo soy. Digo la verdad.
─¡Hummm! Insisto en que coma un poco más. Si usted enferma no podrá cuidar de mí.
─Sí, milady.
Guardaron silencio. Afuera llovía y las gotas golpeaban los cristales de las ventanas. Era un ruido triste pero relajante. Rowina se centró en él. No le importaría caminar bajo la lluvia. El ruido de unos pasos firmes la sacaron de su ensimismamiento. La puerta de la habitación se abrió y entraron dos hombres. El primero entrar era alto, de cabellos oscuros y ojos azules, de porte elegante, si bien sus rasgos no eran perfectos, podía considerarse un hombre atractivo. Miró un poco sorprendido a Rowina pero se centró de inmediato en lady Margaret. El segundo hombre era más bajo, joven y rubio.
─¡Tía Margaret! ─exclamó el primero y se acercó a ella para besarla en las mejillas.
─¡Oh, mi querido sobrino! ─exclamó la anciana emocionada─. ¡Oh, qué guapo estás, mi querido Patrick! ¡Cuánto me alegro de verte!
─Mayor es mi alegría por reencontrarme con usted, tía. El tiempo no pasa por usted.
─¡Adulador! ─rió.
─El señor Muller también desea saludarla.
─Sea bienvenido a mi humilde morada, señor Muller ─dijo la anciana.
─Es un placer volver a verla, milady ─dijo el joven y se apresuró a hacer una cortés reverencia.
─¿Y quién es esta joven? ─preguntó Patrick mirando a Rowina.
─Es la señorita Rowina… ─no se acordó del apellido─, mi dama de compañía.
─Clarke ─apostilló Rowina.
─Él es mi sobrino, lord Patrick Stevenson ─dijo lady Margaret cogiéndole una mano a él─. Y nuestro abogado, el señor Muller.
─George Muller ─añadió el abogado con una amable sonrisa.
─Ahora recuerdo ─comentó lady Margaret─. Usted ha venido porque considera que debo revisar mi testamento.
─Sí, así es ─carraspeó un poco nervioso el abogado─. Es necesario hacer algunos cambios.
─Sí. Ya no vive mi hija. Por tanto, no es la heredera ─los ojos se le llenaron de lágrimas y Rowina se apresuró a acercarle un pañuelo─. Estoy bien.
─Quizás deba irme para que pueda hablar tranquilamente con los señores ─sugirió Rowina.
Lady Margaret guardó silencio un rato, tras el cual, dijo:
─No es el momento de hablar de temas serios. Estoy tomando el té.
Patrick sonrió divertido y cogiendo de un brazo a George se encaminaron hacia la puerta.
─Nosotros iremos a nuestros dormitorios para ponernos cómodos. Nos vemos en la cena, querida tía.
─Así lo espero, querido sobrino ─canturreó divertida.
Patrick dirigió la última mirada a Rowina y cerró la puerta. La joven dejó escapar un suspiro que pudo escuchar la anciana.
─¿La ha perturbado algo o alguien, querida?
─No, milady.
─Los suspiros son los desahogos del alma cuando algo nos afecta: dolor, amor, nostalgia…
─Ha sido sin querer. Estoy bien, milady.
─La presencia de dos hombres atractivos en la casa, después de tanto tiempo en soledad, pueden perturbar a cualquiera. Pero, recuerde, no estamos en primavera.
Rowina bajó la mirada. Cierto era que la presencia del señor Stevenson la había perturbado pero sabría contener sus emociones. Era muy consciente de cuál era su posición en la casa y de sus obligaciones.
Continuará.

viernes, 7 de febrero de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (4)



4


El otoño se alejaba dando paso a un invierno que parecía ser más frío de lo habitual. Rowina se había adaptado bien a su nuevo trabajo y estancia en la mansión. Lady Margaret no requería mucho de sus servicios, así que podía disfrutar de largo tiempo que dedicaba a ayudar a las demás sirvientes, a pesar de las regañinas cariñosas del ama de llaves, y a cultivar sus aficiones. Le gustaba pasear por el camino y, a veces, bajaba hasta la playa.
Por su carácter tranquilo y servicial se había ganado las simpatías de los demás trabajadores. Para la señora Davis, le faltaba un poco de chispa. Consideraba que era demasiado joven para mostrarse tan taciturna. La señora Aniston le recordaba que, precisamente ese carácter era lo que más agradaba a lady Margaret.
Una mañana el servicio, que siempre hacía sus labores con absoluta tranquilidad rutinaria, se mostró alborotado. Habían venido desde el pueblo más mujeres para ayudar en las tareas domésticas.
Rowina, después de servir el desayuno a lady Margaret, bajó la bandeja a la cocina y preguntó a qué se debía tanto revuelo.
─¿No se lo ha dicho la señora? ─preguntó a su vez la señora Aniston.
─No.
─¡Oh, pobre mujer! Su pérdida de memoria es muy preocupante ─lamentó─. Hemos recibido un aviso de que los señores Stevenson y Muller van a venir a pasar una temporada. Es posible que se queden hasta después de la Navidad.
─¿Quiénes son esos señores? ─preguntó Rowina.
─¡Oh! ¿Será posible que no lo sepa? ─se preguntó extrañada─. Sí, creo que no le he hablado de ellos. ¡Qué torpeza la mía! El señor Stevenson… Patrick Stevenson, es el sobrino de lady Margaret. Y el señor Muller es  el abogado de la familia. Bueno, lo era su padre, pero falleció hace dos años y ahora es su hijo quien regenta el negocio. 
─¿Vienen solos o traen a sus familias? ─preguntó Rowina y se acercó a la ventana para mirar el jardín exterior donde ya escaseaban las flores.
─El señor Stevenson es viudo y no tiene hijos. Y el señor Muller… Bueno, desconozco su estado civil, pero creo que no van a traer a nadie más con ellos. De lo contrario sería toda una sorpresa. Nosotros estamos preparando la casa para ellos dos solamente.
─¿Me afectará en algo la estancia de esos señores? ─la señora Aniston miró extrañada a la joven─. Quiero decir si mi rutina se verá alterada.
─No lo creo. Aunque los dos mantendrán alguna reunión con lady Margaret, son conscientes de la avanzada edad de ella y no la molestarán mucho. Supongo que se pasarán gran parte del tiempo cabalgando, jugando al ajedrez…, y haciendo las cosas que hagan los hombres ricos ─sonrió─. No creo que su estancia se alargue mucho. Este lugar es demasiado solitario para alguien acostumbrado a la vida de ciudad.
─A mí me gusta este sitio ─dijo Rowina.
La señora Aniston la miró con ternura y asintió complacida. Cada vez sentía más cariño por la muchacha.
Continuará.


lunes, 3 de febrero de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (3)





3


A la hora del té, la señora Aniston explicó a Rowina cómo le gustaba tomarlo a lady Margaret y le pidió que la acompañara. Había llegado el momento de conocer a su señora.
─El agua debe estar muy caliente y la leche fría. Las pastas serán de canela o jengibre. Como usted tomará el té con ella, puede escoger las pastas a su gusto, pero póngalas en un platillo aparte para que la señora no las confunda. Eso la molestaría.
Subieron las escaleras. Rowina portaba la bandeja con el servicio de té. Llegaron al pasillo y la dejó sobre una consola. La señora Aniston entró en la habitación y Rowina pudo oírla hablar con lady Margaret. Luego salió y la hizo entrar. Esta vez, el ama de llaves cogió la bandeja.
Lady Margaret estaba sentada en una silla mecedora, cerca de la ventana y una mesa. Su aspecto era el de una anciana entrañable. Tenía la mirada dulce, los cabellos canosos y la voz temblorosa y aguda, algo rota, por la edad. Examinó a Rowina con detenimiento y miró al ama de llaves.
─¿Es ésta la nueva dama de compañía? ─preguntó.
─Sí, señora. La señorita Rowina Clarke será su nueva dama de compañía.
─Parece muy joven.
─Es una joven sensata y está bien preparada.
─Eso decía en su carta.
─Señorita Rowina ─la anciana se dirigió a ella─. Coja ese libro que hay sobre la mesilla de noche.
Así lo hizo. Pudo leer el título “Libro de Oración Común”. La cinta marcaba una página.
─Abra el libro por la página marcada y lea el salmo 43:3.
Rowina leyó alto y claro, con su voz aterciopelada:
─”Envía tu luz y tu verdad; que éstas me guíen, y me conduzcan a tu santo monte, a tus moradas”.
─Bien ─asintió la anciana─. Tiene una voz bonita. Mis ojos están viejos y ven mal, incluso con los anteojos. Usted leerá para mí todas las noches, antes de dormir. ¿Ya sabe cuáles son sus obligaciones? ─volvió a dirigirse a la señora Aniston.
─Sí, ya le he dado las explicaciones.
─Muy bien. Solo espero que su juventud no sea un impedimento para que se adapte a vivir en este lugar.
─No lo será, se lo aseguro ─se apresuró a decir Rowina.
Lady Margaret la miró fijamente durante un rato, con la boca fruncida.
─No se precipite en asegurar algo que desconoce. La sangre joven, aunque parezca dormida, despierta con la primavera y busca más sangre joven con quien compartir gozos.
─Yo no soy así, lady Margaret ─replicó.
─Bien, así lo espero. Sirva el té, querida ─le pidió mostrando una de sus mejores sonrisas─. Señora Aniston, puede dejarnos solas.
Rowina se apresuró a obedecer. Mientras servía el té se preguntaba si era verdad todas las habladurías que había oído acerca del mal carácter de la anciana. El ama de llaves dirigió una mirada de complacencia a la joven y salió del dormitorio.
─Hábleme de usted ─pidió lady Margaret.
Rowina intentó contener un suspiro y habló de su infancia, sus padres, los estudios y cómo había terminado siendo sirvienta por culpa de la fatalidad del destino.
─Ahora entiendo la tristeza de su mirada ─comentó la anciana y mordió un trozo de galleta.
Continuará.


sábado, 1 de febrero de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (2)




2

Siguiendo las instrucciones de la carta que le había enviado Lady Margaret, Rowina se bajó en el último pueblo de la ruta del carruaje y esperó a que llegara alguien de la mansión para llevarla hasta allí.

El pueblo era costero y podía contemplar la llegada de los barcos que habían salido a faenar por la madrugada. El puerto era un bullicio de trabajadores y compradores que ansiaban hacerse con algunas piezas de la captura.

Rowina vio acercarse un carruaje pequeño a gran velocidad y se echó para atrás, temiendo que la atropellara. El cochero obligó a detenerse a los dos caballos con un grito. Los animales relincharon, nerviosos. El hombre se colocó el sombrero y la miró.

─¿Es usted la señorita Rowina Clarke?

─Sí, soy yo.

─¡Suba! ¡Lady Margaret la espera! ─bajó del pescante para coger la bolsa de equipaje de la joven y, entonces, le dirigió una sonrisa amable─. Yo soy el señor Peter─ dijo y abrió la puerta del coche y Rowina entró.

El camino que llevaba a la casa de Lady Margaret bordeaba la costa, ofreciendo unas vistas magníficas del mar. Llegaron a un acantilado donde se erigía la mansión que conservaba gran parte de la estructura del castillo que había sido en la Edad Media.

A pesar de la remodelación que había sufrido, su aspecto era viejo y necesitaba una buena restauración. En el interior también se evidenciaba esa necesidad. Algunas paredes estaban sucias o desconchadas. Los muebles gastados, sin brillo. Y las telas también sufrían el paso del tiempo.

Rowina esperó en el vestíbulo, como le había pedido el cochero, dejando la bolsa de equipaje a su lado. No tardó en llegar una mujer mayor, de cabellos rubios y canosos, que la recibió con una sonrisa amable.

─¿La señorita Rowina Clarke?

─Sí, soy yo.

─Soy la señora Aniston. Mia Aniston. El ama de llaves. Por favor, sígame.

Rowina cogió la bolsa y siguió a la mujer. Subieron unas escaleras y se encaminaron por un largo pasillo hasta el final. Las ventanas estaban abiertas y el ruido del oleaje hacía eco en las paredes.

Rowina miraba con desolación los desperfectos de la mansión. La señora Aniston se dio cuenta y se detuvo.

─Aunque no está bien que yo lo diga, no debe dejarse impresionar por el deterioro de este lugar. No está así por falta de dinero, sino por dejadez. Lady Margaret solo desea vivir tranquila y el ruido y las molestias de unas obras le provocarían una incomodidad insoportable. Le aseguro que la casa no se va a caer. Estos muros son muy fuertes.

Rowina asintió y entraron en una habitación amplia, con vistas al mar, donde había todo lo necesario para sentirse cómoda.

─Se alojará aquí.

─Pero esta habitación no está hecha para los criados ─dijo Rowina, perpleja.

─Desde luego que no. Esta habitación perteneció a la señorita Miranda, la hija de lady Margaret.

Rowina se acercó a la chimenea donde ardían unos leños. Dejó la bolsa en el suelo.
─¿Y no le parecerá mal a la señorita que yo ocupe su dormitorio?

─La señorita Miranda falleció hace tiempo. Y lady Margaret quiere que usted esté cerca de su dormitorio ─señaló hacia el pasillo─. Está allí, frente a éste. Debe acostumbrarse al sonido de la campanilla que usa habitualmente lady Margaret para solicitar nuestro servicio. Bueno, ahora será a usted a quien reclame, la mayoría de las veces.

─¿Cuándo la conoceré?

─Cuando ella lo considere oportuno. De momento, puede asearse y cambiarse de ropas. Luego baje las escaleras, gire a su izquierda y siga el pasillo hasta el final… Allí encontrará la cocina.

─Bien, gracias. Así lo haré.

La señora Aniston salió de la habitación y cerró la puerta. Rowina guardó sus cosas y se quitó el vestido para poner otro. Se aseó y arregló los cabellos. Salió al pasillo y se acercó a la puerta tras la cual estaba lady Margaret. No era una fisgona pero no pudo evitar pegar la oreja en la puerta para escuchar si se oía algo al otro lado pero no oyó nada más que el ruido del mar.

Una sirvienta cerraba las ventanas del pasillo y saludó a Rowina con una breve inclinación de la cabeza. Más tarde se enteraría de que las únicas personas del servicio que dormitaban en la mansión eran el ama de llaves, la cocinera y el cochero. Los demás vivían en el pueblo y venían a diario a hacer sus tareas.

Rowina llegó a la cocina. La cocinera daba instrucciones a una joven de cómo debía trocear bien un pollo.

─¡No terminarás de aprender, chiquilla! ─exclamó desesperada. Miraron con curiosidad a la recién llegada.

La señora Aniston le hizo un gesto con la mano para que se adentrase en la estancia.

─Ya he llevado la comida a lady Margaret y, en breve, comeremos nosotros.

Rowina miró el pollo. Si esa era la comida, no será tan breve la espera, pensó. La señora Aniston se dio cuenta de su preocupación y rió divertida.

─El pollo será puesto en adobo para hacerlo mañana ─explicó─. Le presento a la señora Davis, Mildred ─señaló a la cocinera─. Y la joven es July ─la muchacha sonrió con timidez─. Ella es la señorita Rowina Clarke.

─Es muy joven ─dijo la señora Davis con desaprobación y Rowina la miró disgustada.


─No haga caso ─le pidió la señora Aniston─. Por favor, siéntese.

─Será lo que ella diga, no lo digo yo ─dijo la cocinera.

─Usted no sabe lo que opinará lady Margaret ─miró a Rowina─. Es joven pero parece una joven sensata, ¿verdad, señorita?

─Soy una persona sensata y madura ─replicó Rowina, todavía molesta por el comentario de la cocinera.

─Así sabrá valorarlo lady Margaret ─dijo la señora Aniston.

─¿Están insinuando que existe la posibilidad de que no sea del agrado de lady Margaret y cancele el contrato? ─preguntó preocupada.

─¡0h, no! ─exclamó la señora Aniston─. Lady Margaret no haría eso.

En ese momento entró el señor Peter, dejó el sombrero en un perchero y se sentó en la mesa después de saludar a todas.

Rowina tenía hambre pero la preocupación que despertaron en ella las palabras de la cocinera y el ama de llaves no le dejaron disfrutar de la comida.

CONTINUARÁ.


TORMENTA DE PRIMAVERA (15)