sábado, 28 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (15)



15

Lady Margaret no quiso salir de la habitación. Se sentía cansada y, de hecho, se pasó la mayor parte del tiempo dormida.
Durante la comida, la señora Davis pidió a Rowina una vez más que hablara con el señor sobre alojar a las doncellas en la mansión. Rowina se había olvidado por completo de la petición y aseguró que lo haría nada más se encontrase con el lord. Pero Patrick estuvo ocupado todo el día y no pudo hablar con él hasta después de la cena, cuando George se retiró a dormir.
La joven entró en el salón donde él disfrutaba de la lectura y bebía una copa de brandy. Había pocas velas encendidas y la mayor parte de la estancia estaba en penumbra.
─Perdone que lo interrumpa, señor. Quisiera hablar con usted un momento.
─Siéntese ─Patrick dejó el libro en una mesa y acercó la copa a los labios pero tardó en beber pues observaba cada movimiento de ella. Enarcó una ceja esperando que hablase.
─El servicio me ha encargado que le traslade una petición.
─¿Se ha convertido en la voz del servicio? ─preguntó con un tono irónico.
─No. Me han pedido un favor y…
─Sí, por favor, no me haga caso ─la interrumpió─. ¿Qué desea el servicio?
─Creen que algunas de las doncellas que vienen del pueblo deberían dormir en la mansión para que no lleguen tarde al trabajo, ni tengan que marchar de noche.
─Me parece bien.
─Pero dicen que a lady Margaret no le agrada esa idea ─comentó Rowina.
Patrick apuró la copa y la dejó sobre la mesa, encima del libro. Miró a la joven con los ojos entrecerrados, estudiando sus facciones.
─Le aseguro que dispongo de la autoridad suficiente para tomar decisiones en esta casa. Mi tía ya es demasiado mayor para hacerlo.
─No era mi intención poner en duda su autoridad, señor ─se apresuró a decir Rowina a modo de disculpa.
─Lo sé. Solo quería tranquilizarla. Esas mujeres pueden instalarse en la mansión. La señora Aniston puede ocuparse de ello.
─Gracias, señor. Se lo haré saber.
─También puede decirle que arregle la habitación que está al lado de la mía. Podrá disfrutar de las vistas del mar pero está más resguardada de los vientos.
─¿Y no se molestará lady Margaret? ─preguntó la joven.
─No. Entre esa habitación y la de mi tía solo hay un pequeño salón que ella ya no utiliza. Tiene puertas que comunican las tres estancias, y puede cruzarlas sin salir al pasillo ─explicó.
La joven asintió. Patrick frunció el ceño y se inclinó hacia adelante con tanta agilidad que ella se sobresaltó.
─Dígame, ¿por qué ha decidido venir a trabajar aquí? Mi tía ha tenido otras damas de compañía y ninguna era tan joven y tan… hermosa.
Rowina se sonrojó ante el comentario de él. Carraspeó nerviosa y bajó la mirada.
─Me pareció un buen trabajo. Aquí dispongo de tiempo para dedicarme a mis aficiones. Es un lugar bonito y tranquilo ─explicó.
─¿Por qué necesita tranquilidad? ¿Huye de algún amor malogrado? ─se atrevió a preguntar.
El rubor de Rowina fue en aumento. Se cogió a la falda y apretó la tela con fuerza.
─No, señor.
─Yo busco la soledad porque tengo recuerdos que me atormentan. Aun así, no soporto vivir aquí… Este lugar puede enloquecer a cualquiera ─dijo él de pronto y ella se asombró de que fuera tan sincero─. Usted es tan joven y parece tan inocente… ¿Por qué ha de huir de la vida?
─No huyo de la vida ─susurró─. Solo… ─no supo qué responder. Tenía que poner en orden sus pensamientos─. Mis sueños son tan intensos que necesitaba huir de ellos.
─¿Teme que se cumplan o que no se hagan realidad? ─preguntó Patrick y se levantó para acercarse a ella.
─Sé que no se cumplirán ─esbozó una sonrisa triste.
Patrick le tendió la mano y ella la aceptó y se levantó. Se miraron a los ojos. Estaban tan cerca el uno del otro que podían sentir sus respiraciones.
─Dígame que tras su mirada hay un pozo de sabiduría y no una inmensa tristeza.
─No estoy triste ─dijo pero las lágrimas asomaron a sus ojos.
─Sí, hay algo que la entristece.
─Por favor, señor. Estoy cansada… Yo…
Patrick se hizo a un lado y Rowina salió corriendo del salón para subir a su habitación. Se echó en la cama y sollozó.
Cuando se hubo calmado se preguntó qué le estaba pasando. Ella no era así. ¿Por qué le había dicho esas cosas? ¿En verdad huía de sí misma? Se limpió las lágrimas y se sentó ante el escritorio para escribir a su amiga Alice. Desde que había llegado solo le había enviado una carta y, ahora más que nunca, necesita desahogarse con alguien. Ella la conocía bien y sabría aconsejarla.
  
Continuará.

domingo, 22 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (14)



14

Después de atender a lady Margaret, Rowina paseó por los pasillos de la mansión. Afuera llovía bastante y era imposible salir. Entró en el salón que estaba al lado del comedor y se acercó a la ventana. Afuera Patrick hablaba con un hombre que le pareció que era quien se encargaba de las cuadras. Aunque iban protegidos parecía que no les importaba que lloviera. Patrick giró sobre sus talones y vio a la joven en la ventana. La saludó con la mano y ella respondió. Luego, señaló hacia un sitio y el otro hombre asintió.
Rowina continuó con su paseo e inspección de la mansión. Pasó por delante de un despacho. La puerta estaba entreabierta y vio dentro a George. Parecía ocupado y no se percató de la cercanía de ella, así que no se detuvo. Entró en la biblioteca. Se acercó a una estantería y acarició el lomo de los libros. Se sentó delante de la chimenea y observó el retrato de una mujer que había sobre él. Era muy hermosa y se parecía a lady Margaret. Rowina supuso que era la hija de la anciana, aunque nunca preguntó acerca de ella.
Alguien entró en la habitación, giró la cabeza y vio a la señora Aniston que la miraba sonriente.
─Así que se encuentra aquí.
─Sí. Hoy es imposible salir a pasear fuera.
─Desde luego. La señorita Miranda se parecía mucho a su madre y era tan hermosa como ella ─comentó y se sentó─. Después de su fallecimiento, el señor Patrick pidió que se retiraran todos los retratos de ella, sin embargo, permitió que quedara éste, por respeto a lady Margaret.
─¿Por qué lo hizo? ─preguntó Rowina─. Solo era su prima, ¿por qué hacer semejante petición?
─¿En verdad no conoce la historia? ─preguntó perpleja─. Me sorprende que nadie le hiciera algún comentario. Pero, claro, usted es tan reservada ─hizo una breve pausa─. La señorita Miranda y el señor Patrick estuvieron casados ─Rowina abrió la boca de lo sorprendida que se quedó─. Y ella murió al dar a luz a una niña que nació muerta. Entonces, la tristeza inundó esta casa.
─¿Cuándo sucedió eso?
─Ya han pasado unos años… Casi cinco. Pero seguro que la sigue amando ─sonrió con ternura.
Rowina asintió, afligida. Y lamentó cuán estúpida había sido pensando en él, enamorándose de él y albergando una pequeña esperanza de que Patrick pudiera sentir lo mismo por ella. No solo los separaba la diferencia de clase, sino también un amor inolvidable para él.
─¿Se encuentra bien? Ha palidecido ─observó la señora Aniston.
─Estoy bien, gracias. Solo tengo un poco de frío.
─Sí, hay que avivar el fuego ─se levantó y removió las brasas─. Venga conmigo. Me gustaría que me diera su opinión acerca de unas ropas de cama para la señora. Las pedí hace un tiempo y llegaron hoy. Me las trajo Liza del pueblo.
Antes de salir de la biblioteca, Rowina miró nuevamente el retrato y le pareció que aquella mujer la miraba con triunfo y desdén.
 Continuará

miércoles, 18 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (13)




13

Rowina no durmió bien esa noche y se levantó temprano. Bajó a la cocina para tomar un café.
La señora Davis preparaba los desayunos y ya había puesto el café al fuego para que se hiciera. Cuando vio a la joven la miró sorprendida.
─¿Usted tampoco ha podido dormir? Tiene cara de sueño.
─Estoy bien, gracias. ¿Quién más ha madrugado?
─¡Buenos días! ─exclamó la señora Aniston que llegaba en ese momento─. El servicio siempre madruga. Aunque usted no tiene que levantarse tan temprano. ¿Qué la ha desvelado?
─Supongo que el viento ─respondió.
─Siéntese. Yo prepararé los desayunos ─se ofreció la señora Aniston y Rowina asintió agradecida─. Esta noche el viento azotó con fuerza pero no más que otras veces. Todavía no ha conocido la verdadera furia de un temporal, Rowina.
─Sí, cierto. El invierno no ha hecho más que empezar ─dijo la cocinera─. Lord Patrick también madrugó. De hecho tuvo que conformarse con tomar un café de ayer, recalentado. Salió a cabalgar.
─Siempre fue un hombre madrugador pero no tanto ─comentó la señora Aniston acercando un bizcocho a la mesa y se sentó.
─Tal vez fue a buscar trabajadores para que se lleven a cabo las obras de restauración ─dijo la cocinera y se sentó a la mesa.
─Creo que ya se encargó ayer de eso. Él y el señor Muller fueron al pueblo para poner un telegrama a la oficina del abogado ─explicó la señora Aniston─. Coma, querida ─apremió a Rowina─. Si no ha dormido y no come se sentirá cansada y no podrá realizar bien sus tareas.
─Ese hombre siempre fue un poco extraño ─comentó la cocinera.
─¿Se refiere al lord? ─preguntó Rowina con interés.
─Sí, desde luego.
─¡No diga eso, Mildred! Sabe bien que el señor ha sufrido mucho en el pasado y es normal que su carácter se tornara difícil.
─¿Difícil? A mí me parece un buen hombre ─dijo Rowina.
─¡Oh sí! ─exclamó con ironía la cocinera─. Si se puede decir que es un buen hombre alguien huraño, taciturno, impaciente, gruñón…
─Estoy segura de que ha superado esa etapa ─dijo la señora Aniston y ofreció más café a Rowina que lo rechazó.
─¿Cuál es el motivo de que fuera así? ─preguntó Rowina con timidez, temerosa de parecer demasiado atrevida.
─¿No le ha hablado de ellos milady? ─preguntó sorprendida la cocinera y se levantó de la mesa.
─No. Hasta que usted ─miró al ama de llaves─ no me anunció la llegada de él, ni sabía que existía.
─Lady Margaret sufre pérdidas de memoria, ya lo sabe.
─Si no fuera por eso… dudo mucho que el lord viniera a verla y se mostrase tan amable con ella ─repuso la cocinera y recogió las tazas para ponerlas en el fregadero.
─¡Oh, Mildred! ─exclamó la señora Aniston─. ¿Tan poca simpatía le despierta lord Patrick?
─Querida señora Mia… Yo recuerdo bien su etapa más mala. Esa en la que siempre nos reñía y gritaba por cualquier cosa. Nada estaba a su gusto.
─Como he dicho, parece que eso forma parte del pasado ─se levantó─. Ya deberían haber llegado las chicas del pueblo.
─Pero... ─Rowina quiso repetir su pregunta, a la que no habían respondido, pero en ese momento se abrió la puerta  que daba acceso al exterior y entraron Peter, el cochero, y Patrick. Las mujeres los miraron perplejas y, durante unos segundos, no reaccionaron.
─Buenos días ─saludaron ambos.
─Buenos días ─respondieron a la vez.
─Tal vez ahora tenga un café recién preparado, señora Davis.
─Sí, por supuesto, milord ─se apresuró a servirlo.
Patrick se sentó al lado de Rowina y la joven tensó sus músculos ante la cercanía de él.
─¿Ha dormido bien, señorita Rowina? ─preguntó.
Las señoras Davis y Aniston miraron a la joven con sorpresa y curiosidad.
─La verdad es que no ─respondió ella.
─Debería cambiar de habitación.
─Pero milady insistió en que la señorita Rowina durmiera cerca de ella, por si necesita de su ayuda por la noche ─informó la señora Aniston.
─Mi tía está prácticamente sorda y se ha olvidado de lo molesto que puede ser dormir en esa parte de la casa. Hablaré con ella ─miró a Rowina.
─No es necesario, señor. Estoy bien en ese dormitorio.
─Insisto ─sentenció con firmeza y nadie se atrevió a replicar─. Señora Aniston, recuerde a las doncellas que deben cerrar bien las ventanas de la galería. Esta noche pudo romperse una de ella y provocar daños personales a la señorita Rowina.
─Sí, señor. Se lo diré.
Patrick apuró el café y se levantó. Miró una vez más a la joven y, despidiéndose de todos, salió de la cocina por la puerta que daba acceso al pasillo de la mansión.
─¿Está usted segura de que ha cambiado, Mia? ─preguntó la cocinera a la señora Aniston.
No respondió pero miró a la joven confiando en que les daría una explicación de lo que había podido pasar por la noche. Rowina no tenía ganas de hacerlo. Quería recordar ese momento como algo muy personal pero tampoco quería que el servicio pudiera hacer conjeturas erróneas que la perjudicasen de algún modo, así que, explicó lo sucedido.
Continuará.


sábado, 14 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (12)




12


En ese día, Rowina no volvió a ver a Patrick, ni a George. Pero como había aventurado el primero, por la tarde llovió y parecía que no iba a cesar durante la noche.
Rowina se acostó e intentó dormir pero no podía dejar de pensar en Patrick. Un escalofrío recorría su espina dorsal cada vez que se acordaba de su rostro de rasgos angulosos y mirada azul cielo. ¡Cómo le hubiera gustado delinearlo con sus dedos!
Empezaba a dormirse cuando oyó un fuerte golpe que la espabiló. Se levantó y encendió una lámpara de gas. Se cubrió con la bata y salió al pasillo. El viento había abierto una ventana y golpeaba violentamente contra la pared. Tenía que cerrarla o se rompería el cristal.
Dejó la lámpara en una mesa e intentó cerrar la ventana pesaba demasiado y el viento era tan fuerte que conseguía levantar las olas hasta esa altura y salpicaron sus ropas.
Unas manos más fuertes la ayudaron a cerrar la ventana. En un primer momento no supo de quién se trataba pero, de inmediato, reconoció el olor de Patrick. Se retiró a un lado y dejó que él cerrara bien la ventana. La lluvia y una ola también lo habían mojado a él.
─Parece que solo usted y yo nos alertamos con los ruidos de esta mansión ─comentó Patrick.
─Me estoy acostumbrando a los ruidos que provoca la naturaleza en la mansión pero la ventana hizo un ruido muy fuerte.
─¿Quiere decir que no se deja amedrentar fácilmente? ─sonrió divertido.
─¿Se burla de mí, señor?
─No, en absoluto. Admiro su valentía. Pocas mujeres soportan estos ruidos y los confunden con fenómenos sobrenaturales.
─Está empapado. Debería cambiarse si no quiere enfriarse y enfermar.
─Usted también… Así que, será mejor que regresemos a nuestras alcobas para evitar… ─se interrumpió y la miró fijamente. Rowina se preguntó que había cruzado por su mente y no se atrevió a decir─. Que tenga una buena noche, señorita Rowina.
─Igualmente, lord Patrick.
─¡Oh, lord! ─rió─. Puede llamarme Patrick.
Rowina asintió y se dirigió a su dormitorio. Al cerrar la puerta volvió a mirarlo  y vio una infinita tristeza en su mirada que la conmovió profundamente. Quiso correr a su lado para reconfortarlo pero sabía que ese no era su deber y cerró la puerta. Se quedó apoyada en ella un largo rato intentado aguantar las ganas de llorar que se habían apoderado de ella. Un poco después, oyó los pasos de él alejarse por la galería. Por primera vez, desde que estaba en la mansión, sintió deseos de irse de allí y no regresar jamás.

Patrick regresó a su habitación y se dejó caer en la cama. Cerró los ojos y movió la cabeza como si quisiera sacudir un pensamiento recurrente e hiriente.
─¡Oh, Rowina! ¿Qué tienes para atormentarme como lo haces? ─se preguntó.
Se quedó dormido pero despertó muy temprano y salió a cabalgar. Necesitaba hacer ejercicio para cansar el cuerpo y distraer la mente.

Continuará. 

martes, 10 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (11)




11

Después de la comida, durante la cual George quiso saber más cosas sobre Rowina, lady Margaret pidió que la joven estuviera presente en el salón, por si decidía que le  leyera algo antes de quedarse dormida.
Rowina entró en la estancia bajo la atenta mirada de todos y, tras un gesto de la anciana, se sentó en un sofá. Frente a ella estaban los hombres sentados en sillones. Ambos fumaban y bebían licor. Patrick la miró con los ojos entrecerrados a través del humo del cigarro. Su mirada era tan intensa que parecía querer traspasar la mente de ella quien, incluso, sintió el calor de la misma sobre su piel y se estremeció.
─Querida, el señor Muller ha mostrado un gran interés por usted ─comentó lady Margaret─. Le sorprende que sus padres se preocuparan de que tuviera una buena educación, en vez de conformarse con buscarle un esposo que supiera regentar el negocio que tenían cuando ellos ya no pudieran hacerse cargo de él.
─Mi curiosidad no es malintencionada ─se apresuró a decir George─. Solo es producto de mi sorpresa y admiración por la decisión de sus padres.
─¿Alaba que una mujer reciba una buena educación? ─preguntó Rowina, sorprendida.
─Creo que unas buenas nociones de cultura general, matemáticas y contabilidad ayudan mucho a que las mujeres sepan gestionar mejor la economía doméstica ─explicó.
Patrick esbozó una sonrisa burlona cuando vio la expresión decepcionada de la joven.
─Confiaba en que valorase esas virtudes por otro motivo ─comentó ella.
─¿Qué otro motivo podría tener? ─preguntó George, perplejo.
─Yo creo que si una mujer iguala en intelecto al hombre puede tener conversaciones más enriquecidas con él. Eso evitaría que los matrimonios cayesen en la monotonía y el aburrimiento.
George se rió, en cambio, Patrick miró a Rowina con interés. Lady Margaret también secundó la risa del abogado.
─La mujer no puede igualar el intelecto del hombre ─expuso George─. Ni debe intentar superarlo o éste se sentiría terriblemente humillado.
─Yo creo que una mujer debe ser virtuosa y hacendosa. No necesita de más virtudes ─opinó lady Margaret.
Rowina decidió callar. Sabía que no debía provocar una discusión. Patrick se levantó para poner fin a ese momento que se estaba convirtiendo en incómodo para ella.
─Será mejor que nos vayamos, George. Parece que va a llover y a usted no le gusta mojarse.
─¿Vais a dar un paseo? ─preguntó lady Margaret.
─No. Vamos hasta el pueblo para poner un telegrama a la oficina de George. Quiero que sus compañeros busquen trabajadores para que empiecen las obras en esta casa.
─¡Oh, Dios mío! ─exclamó la anciana─. ¡Qué suplicio me espera! Querida ─miró a Rowina─, lléveme a mi habitación. Necesito descansar bien. Me temo que, una vez empiecen a venir los obreros, ya no podré hacerlo.
─¡Exagera usted, tía! ─exclamó Patrick y rió.

La anciana se tumbó en la mecedora y pidió a Rowina que le leyera un salmo del libro de oraciones. Así lo hizo, después de cerrar un poco las cortinas para que no entrara tanta luz en la estancia.
─Salmo 121, 6 y 7: “6 El sol no te hará daño de día, ni la luna de noche. 7 El Señor te guardará de todo mal; él guardará tu vida”.
─Rowina, ¿qué opinión ha formado del señor Muller? ─preguntó lady Margaret interrumpiéndola.
La joven cerró el libro y la miró sin comprender a qué venía esa pregunta y por qué ansiaba tanto saber qué opinaba ella del lord y del abogado. Miró hacia la ventana. El cielo se veía más gris que por la mañana.
─Parece un buen hombre ─respondió, sin estar segura de haber dicho lo correcto.
─Su padre lo era, así que ha tenido un buen ejemplo para seguir. Estoy segura de que usted le ha causado buena impresión. ¿No le parece que sería maravilloso si Dios quisiera unirlos en matrimonio? ─Rowina la miró perpleja─. ¡Oh, por supuesto que solo hago conjeturas! Entre ustedes dos no hay ningún tipo de relación pero debería empezar a pensar en esa posibilidad. Tal vez, si se acercase a él, con el debido decoro, por supuesto, el interés del señor Muller no se quedaría solo en un simple conato de satisfacer su curiosidad y vería en usted a su alma gemela. Piense en ello, querida. Ambos harían una buena pareja ─sonrió y se recostó en el asiento.
Rowina supo que se quedaría dormida y dejó el libro en la mesilla. Salió del dormitorio y bajó a la cocina. Le apetecía tomar un té para templar su ánimo. Ella solo podía pensar en Patrick, aun sabiendo que era un ser inalcanzable para ella.
Continuará

viernes, 6 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (10)




10

Rowina acompañó a lady Margaret hasta el salón. La comida se serviría en breve. Se encontraron con los hombres. Patrick miraba por la ventana y George le hablaba de un tema económico al que parecía no prestar mucha atención.
Se volvió cuando oyó el saludo de su tía y se acercó a ella para tomarla del brazo. Su mirada se encontró con la de Rowina.
─Me alegro de que decida pasar su tiempo con nosotros, tía ─dijo.
Rowina se alejó discretamente y Patrick miró sorprendido a George cuando éste hizo un comentario sobre ella.
─Esa joven parece un ángel. Su presencia es discreta y reconfortante para quienes la observan.
─¡Oh, vaya, parece que se siente atraído por ella, señor Muller! ─exclamó lady Margaret.
─¿Qué? ¡Oh, no! La verdad… no lo sé. Es una joven hermosa pero carece de vanidad y eso la ennoblece. Sospecho que reúne buenas cualidades que harían feliz a cualquier hombre.
─La juzga como si fuera un animal ─replicó Patrick con acritud.
─¡Por favor, querido, no te molestes con él! ─pidió su tía y se sentó en un sillón─. Aunque no lo quiera admitir, es evidente que el señor Muller se siente atraído por Rowina y es normal que quiera saber si es una mujer digna de ser enamorada por alguien de su posición social. Yo creo que sí ─sonrió mirándole─. La señorita Rowina reúne las cualidades que usted anhela.
─Dejemos de hablar del servicio y centrémonos en algo más importante ─comentó Patrick interrumpiendo a su tía. Se sentía muy molesto por el cariz que estaba tomando la conversación y se maldecía por ello. Después de todo, a él no debería importarle la suerte de Rowina.
─¿Y qué es más importante, querido? ─preguntó contrariada la anciana.
─Las obras que se van a llevar a cabo en esta casa.
─¡Oh, sabes bien que aborrezco las obras!
─Tía, es necesario que se mejore el estado de la mansión. Hay que quitar humedades, reparar paredes y tapizar muebles. No puede permitir que su estado se deteriore más.
─¡No soporto los ruidos! ─exclamó disgustada─. ¿Por qué no esperas a hacer todo eso cuando yo muera?
─Porque usted va a tener una vida muy larga y necesita vivir en un lugar saludable ─sonrió acercándose a ella. Le tomó una mano y la besó─. Yo solo quiero lo mejor para usted, tía. Sé que es difícil soportar las obras pero mientras duren puede venir a vivir conmigo a la ciudad.
─¡Eso sí que me mataría! ─exclamó ella.
Patrick miró a George con guasa y rieron. Poco después entró la señora Aniston anunciando que podían pasar al comedor.
Continuará


lunes, 2 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (9)




9

Rowina aprovechó el tiempo que disponía libre para pasear por el campo. A lo lejos pudo ver a Patrick y a George cabalgando entre los árboles. Se sentó junto a unas rocas y contempló el cielo. Había nubes, pero no amenazaban con lluvia.
Uno de los jinetes cabalgó hasta ella. Se emocionó al pensar que podía tratarse de Patrick pero era George.
─¡Señorita Rowina! ─exclamó él y detuvo al animal. Se bajó del caballo y se acercó a ella─. ¿Le gusta pasear?
─Sí, mucho.
─Hace bien. Pasear es un ejercicio muy saludable para el cuerpo y el espíritu. A mí también me gusta pasear. En Londres frecuento los jardines. Y, cuando el trabajo me lo permite, hago alguna escapada al campo. ¿No preferiría trabajar en la ciudad? ─preguntó de pronto.
─Aquí me siento bien ─respondió Rowina y miró hacia atrás esperando que Patrick se uniera a ellos pero no lo veía ni oía su caballo─. ¿No sigue cabalgando?
─¿Le molesta mi presencia?
─¡No! ¡En absoluto! ¿Cómo puede decir eso? Yo… solo, es que… Bueno, creí que estaba cabalgando con el señor Stevenson.
─Por favor, perdone mi descortesía. Sí, estaba cabalgando con Patrick, pero la vi a usted... Me dio la impresión de que se sentía sola y decidí venir a hablar…
--¿Por qué piensa que me siento sola? ─Rowina lo miró con interés y empezó a caminar. Él la siguió llevando al caballo sujeto por la correa.
─Este sitio está demasiado lejos y solitario.
─Pero yo he venido a trabajar aquí sabiendo eso.
─De todos modos, creo que debería buscar un trabajo en la ciudad. Seguro que la ayudaría a sentirse mejor.
Rowina se detuvo y lo miró sorprendida. George también se detuvo.
─Parece triste. Quizás no lo esté pero ese sentimiento podría apoderarse de usted si no frecuenta lugares con más vida.
Rowina sonrió y empezó a caminar. George la miró confuso y se unió a ella, nuevamente.
─¿He dicho algo gracioso?
─Sí ─rió.
─¿El qué?
─Agradezco su preocupación por mí, señor Muller, pero me siento bien. Me  gusta estar aquí y no necesito regresar a la ciudad.
─¿Ya estuvo allí?
─Sí, vengo de Londres. No era más feliz allí que aquí, se lo aseguro.
─Espero que no le moleste que me preocupe por usted.
─No ─negó.
Llegaron a la entrada de la mansión y vieron a Patrick esperando por ellos, montado en el caballo. Parecía más serio de lo habitual. Rowina lo saludó con la mano pero él no respondió. Espoleó al caballo y lo condujo hasta las cuadras.
─Parece molesto ─comentó la joven.
─Seguro que se ha molestado conmigo. Lo he abandonado en medio del paseo ─dijo George─. Si me disculpa, llevaré al caballo a las caballerizas.
─Sí, claro.
Rowina entró en la casa y miró hacia atrás. Estaba preocupada, aun sabiendo que no tenía sentido, porque su intuición le decía que Patrick se había enfadado con ella al verla hablar con George.
Continuará.



TORMENTA DE PRIMAVERA (15)