sábado, 14 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (12)




12


En ese día, Rowina no volvió a ver a Patrick, ni a George. Pero como había aventurado el primero, por la tarde llovió y parecía que no iba a cesar durante la noche.
Rowina se acostó e intentó dormir pero no podía dejar de pensar en Patrick. Un escalofrío recorría su espina dorsal cada vez que se acordaba de su rostro de rasgos angulosos y mirada azul cielo. ¡Cómo le hubiera gustado delinearlo con sus dedos!
Empezaba a dormirse cuando oyó un fuerte golpe que la espabiló. Se levantó y encendió una lámpara de gas. Se cubrió con la bata y salió al pasillo. El viento había abierto una ventana y golpeaba violentamente contra la pared. Tenía que cerrarla o se rompería el cristal.
Dejó la lámpara en una mesa e intentó cerrar la ventana pesaba demasiado y el viento era tan fuerte que conseguía levantar las olas hasta esa altura y salpicaron sus ropas.
Unas manos más fuertes la ayudaron a cerrar la ventana. En un primer momento no supo de quién se trataba pero, de inmediato, reconoció el olor de Patrick. Se retiró a un lado y dejó que él cerrara bien la ventana. La lluvia y una ola también lo habían mojado a él.
─Parece que solo usted y yo nos alertamos con los ruidos de esta mansión ─comentó Patrick.
─Me estoy acostumbrando a los ruidos que provoca la naturaleza en la mansión pero la ventana hizo un ruido muy fuerte.
─¿Quiere decir que no se deja amedrentar fácilmente? ─sonrió divertido.
─¿Se burla de mí, señor?
─No, en absoluto. Admiro su valentía. Pocas mujeres soportan estos ruidos y los confunden con fenómenos sobrenaturales.
─Está empapado. Debería cambiarse si no quiere enfriarse y enfermar.
─Usted también… Así que, será mejor que regresemos a nuestras alcobas para evitar… ─se interrumpió y la miró fijamente. Rowina se preguntó que había cruzado por su mente y no se atrevió a decir─. Que tenga una buena noche, señorita Rowina.
─Igualmente, lord Patrick.
─¡Oh, lord! ─rió─. Puede llamarme Patrick.
Rowina asintió y se dirigió a su dormitorio. Al cerrar la puerta volvió a mirarlo  y vio una infinita tristeza en su mirada que la conmovió profundamente. Quiso correr a su lado para reconfortarlo pero sabía que ese no era su deber y cerró la puerta. Se quedó apoyada en ella un largo rato intentado aguantar las ganas de llorar que se habían apoderado de ella. Un poco después, oyó los pasos de él alejarse por la galería. Por primera vez, desde que estaba en la mansión, sintió deseos de irse de allí y no regresar jamás.

Patrick regresó a su habitación y se dejó caer en la cama. Cerró los ojos y movió la cabeza como si quisiera sacudir un pensamiento recurrente e hiriente.
─¡Oh, Rowina! ¿Qué tienes para atormentarme como lo haces? ─se preguntó.
Se quedó dormido pero despertó muy temprano y salió a cabalgar. Necesitaba hacer ejercicio para cansar el cuerpo y distraer la mente.

Continuará. 

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