miércoles, 18 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (13)




13

Rowina no durmió bien esa noche y se levantó temprano. Bajó a la cocina para tomar un café.
La señora Davis preparaba los desayunos y ya había puesto el café al fuego para que se hiciera. Cuando vio a la joven la miró sorprendida.
─¿Usted tampoco ha podido dormir? Tiene cara de sueño.
─Estoy bien, gracias. ¿Quién más ha madrugado?
─¡Buenos días! ─exclamó la señora Aniston que llegaba en ese momento─. El servicio siempre madruga. Aunque usted no tiene que levantarse tan temprano. ¿Qué la ha desvelado?
─Supongo que el viento ─respondió.
─Siéntese. Yo prepararé los desayunos ─se ofreció la señora Aniston y Rowina asintió agradecida─. Esta noche el viento azotó con fuerza pero no más que otras veces. Todavía no ha conocido la verdadera furia de un temporal, Rowina.
─Sí, cierto. El invierno no ha hecho más que empezar ─dijo la cocinera─. Lord Patrick también madrugó. De hecho tuvo que conformarse con tomar un café de ayer, recalentado. Salió a cabalgar.
─Siempre fue un hombre madrugador pero no tanto ─comentó la señora Aniston acercando un bizcocho a la mesa y se sentó.
─Tal vez fue a buscar trabajadores para que se lleven a cabo las obras de restauración ─dijo la cocinera y se sentó a la mesa.
─Creo que ya se encargó ayer de eso. Él y el señor Muller fueron al pueblo para poner un telegrama a la oficina del abogado ─explicó la señora Aniston─. Coma, querida ─apremió a Rowina─. Si no ha dormido y no come se sentirá cansada y no podrá realizar bien sus tareas.
─Ese hombre siempre fue un poco extraño ─comentó la cocinera.
─¿Se refiere al lord? ─preguntó Rowina con interés.
─Sí, desde luego.
─¡No diga eso, Mildred! Sabe bien que el señor ha sufrido mucho en el pasado y es normal que su carácter se tornara difícil.
─¿Difícil? A mí me parece un buen hombre ─dijo Rowina.
─¡Oh sí! ─exclamó con ironía la cocinera─. Si se puede decir que es un buen hombre alguien huraño, taciturno, impaciente, gruñón…
─Estoy segura de que ha superado esa etapa ─dijo la señora Aniston y ofreció más café a Rowina que lo rechazó.
─¿Cuál es el motivo de que fuera así? ─preguntó Rowina con timidez, temerosa de parecer demasiado atrevida.
─¿No le ha hablado de ellos milady? ─preguntó sorprendida la cocinera y se levantó de la mesa.
─No. Hasta que usted ─miró al ama de llaves─ no me anunció la llegada de él, ni sabía que existía.
─Lady Margaret sufre pérdidas de memoria, ya lo sabe.
─Si no fuera por eso… dudo mucho que el lord viniera a verla y se mostrase tan amable con ella ─repuso la cocinera y recogió las tazas para ponerlas en el fregadero.
─¡Oh, Mildred! ─exclamó la señora Aniston─. ¿Tan poca simpatía le despierta lord Patrick?
─Querida señora Mia… Yo recuerdo bien su etapa más mala. Esa en la que siempre nos reñía y gritaba por cualquier cosa. Nada estaba a su gusto.
─Como he dicho, parece que eso forma parte del pasado ─se levantó─. Ya deberían haber llegado las chicas del pueblo.
─Pero... ─Rowina quiso repetir su pregunta, a la que no habían respondido, pero en ese momento se abrió la puerta  que daba acceso al exterior y entraron Peter, el cochero, y Patrick. Las mujeres los miraron perplejas y, durante unos segundos, no reaccionaron.
─Buenos días ─saludaron ambos.
─Buenos días ─respondieron a la vez.
─Tal vez ahora tenga un café recién preparado, señora Davis.
─Sí, por supuesto, milord ─se apresuró a servirlo.
Patrick se sentó al lado de Rowina y la joven tensó sus músculos ante la cercanía de él.
─¿Ha dormido bien, señorita Rowina? ─preguntó.
Las señoras Davis y Aniston miraron a la joven con sorpresa y curiosidad.
─La verdad es que no ─respondió ella.
─Debería cambiar de habitación.
─Pero milady insistió en que la señorita Rowina durmiera cerca de ella, por si necesita de su ayuda por la noche ─informó la señora Aniston.
─Mi tía está prácticamente sorda y se ha olvidado de lo molesto que puede ser dormir en esa parte de la casa. Hablaré con ella ─miró a Rowina.
─No es necesario, señor. Estoy bien en ese dormitorio.
─Insisto ─sentenció con firmeza y nadie se atrevió a replicar─. Señora Aniston, recuerde a las doncellas que deben cerrar bien las ventanas de la galería. Esta noche pudo romperse una de ella y provocar daños personales a la señorita Rowina.
─Sí, señor. Se lo diré.
Patrick apuró el café y se levantó. Miró una vez más a la joven y, despidiéndose de todos, salió de la cocina por la puerta que daba acceso al pasillo de la mansión.
─¿Está usted segura de que ha cambiado, Mia? ─preguntó la cocinera a la señora Aniston.
No respondió pero miró a la joven confiando en que les daría una explicación de lo que había podido pasar por la noche. Rowina no tenía ganas de hacerlo. Quería recordar ese momento como algo muy personal pero tampoco quería que el servicio pudiera hacer conjeturas erróneas que la perjudicasen de algún modo, así que, explicó lo sucedido.
Continuará.


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