lunes, 2 de marzo de 2020

TORMENTA DE PRIMAVERA (9)




9

Rowina aprovechó el tiempo que disponía libre para pasear por el campo. A lo lejos pudo ver a Patrick y a George cabalgando entre los árboles. Se sentó junto a unas rocas y contempló el cielo. Había nubes, pero no amenazaban con lluvia.
Uno de los jinetes cabalgó hasta ella. Se emocionó al pensar que podía tratarse de Patrick pero era George.
─¡Señorita Rowina! ─exclamó él y detuvo al animal. Se bajó del caballo y se acercó a ella─. ¿Le gusta pasear?
─Sí, mucho.
─Hace bien. Pasear es un ejercicio muy saludable para el cuerpo y el espíritu. A mí también me gusta pasear. En Londres frecuento los jardines. Y, cuando el trabajo me lo permite, hago alguna escapada al campo. ¿No preferiría trabajar en la ciudad? ─preguntó de pronto.
─Aquí me siento bien ─respondió Rowina y miró hacia atrás esperando que Patrick se uniera a ellos pero no lo veía ni oía su caballo─. ¿No sigue cabalgando?
─¿Le molesta mi presencia?
─¡No! ¡En absoluto! ¿Cómo puede decir eso? Yo… solo, es que… Bueno, creí que estaba cabalgando con el señor Stevenson.
─Por favor, perdone mi descortesía. Sí, estaba cabalgando con Patrick, pero la vi a usted... Me dio la impresión de que se sentía sola y decidí venir a hablar…
--¿Por qué piensa que me siento sola? ─Rowina lo miró con interés y empezó a caminar. Él la siguió llevando al caballo sujeto por la correa.
─Este sitio está demasiado lejos y solitario.
─Pero yo he venido a trabajar aquí sabiendo eso.
─De todos modos, creo que debería buscar un trabajo en la ciudad. Seguro que la ayudaría a sentirse mejor.
Rowina se detuvo y lo miró sorprendida. George también se detuvo.
─Parece triste. Quizás no lo esté pero ese sentimiento podría apoderarse de usted si no frecuenta lugares con más vida.
Rowina sonrió y empezó a caminar. George la miró confuso y se unió a ella, nuevamente.
─¿He dicho algo gracioso?
─Sí ─rió.
─¿El qué?
─Agradezco su preocupación por mí, señor Muller, pero me siento bien. Me  gusta estar aquí y no necesito regresar a la ciudad.
─¿Ya estuvo allí?
─Sí, vengo de Londres. No era más feliz allí que aquí, se lo aseguro.
─Espero que no le moleste que me preocupe por usted.
─No ─negó.
Llegaron a la entrada de la mansión y vieron a Patrick esperando por ellos, montado en el caballo. Parecía más serio de lo habitual. Rowina lo saludó con la mano pero él no respondió. Espoleó al caballo y lo condujo hasta las cuadras.
─Parece molesto ─comentó la joven.
─Seguro que se ha molestado conmigo. Lo he abandonado en medio del paseo ─dijo George─. Si me disculpa, llevaré al caballo a las caballerizas.
─Sí, claro.
Rowina entró en la casa y miró hacia atrás. Estaba preocupada, aun sabiendo que no tenía sentido, porque su intuición le decía que Patrick se había enfadado con ella al verla hablar con George.
Continuará.



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